25 junio 2014
Mexicanos al grito de: "¡Puto!"
11 enero 2014
Cartas a Adis: 12 de enero.
03 septiembre 2013
La fiesta brava de una contrarreforma educativa aprobada de panzazo.
02 julio 2012
Falta lo que falta.
Nadie somos.
Son casi las 12 del medio día, había apagado el ordenador pasadas las 6 de la mañana pensando en que dormiría sólo un par de horas para ir a votar; sí, era 1 de julio de 2012. Lamentablemente, eran poco más de las 11, las 11:32, cuando vi el reloj del teléfono móvil cuyo plan tarifario no he podido pagar por enésima vez… pero, esa es otra historia.
«¡Carajo! –me dije–, la cola en la casilla va estar de la chingada» A pesar de la premonición nada extraordinaria: he sido consejero electoral distrital del IFE en dos procesos electorales y conozco de primera mano cómo se ponen las cosas en las casillas especiales, tardé todavía un poco más en acelerar el paso hacia la ducha y, de allí, con un titipuchal de estaciones intermedias, el lugar donde el Consejo Distrital 04 del IFE en Yucatán decidió ubicar la Casilla Especial 51.
En la casilla de los foráneos.
Supongo que pasaban de las 12:00 i.m. cuando dejamos atrás el parque de Mejorada para llegar por la calle 59 a la puerta del Centro Cultural del Niño Yucateco (CECUNY), donde un cartelón escrito a mano decía: «Casilla Especial». No me equivoqué: la fila de ciudadan@s, buena parte de ell@s aguardando desde las 8 de la mañana según su propio dicho, daba vuelta la esquina de la 59 por la 48 hacia el sur hasta la esquina con la 61, donde unos jóvenes médicos, quizás residentes, parecían marcar su final; no era así: la cola continuaba, cruzando el arroyo, sobre la escarpa norte de la 61 hacia la 46.
Aquella era una situación algo extraña; al menos, una que no imaginaba: más que la casilla especial, ésa era «la casilla de foráneos» y, más pronto que tarde, una cierta sensación de extranjería compartida fue rompiendo las resistencias que, por no conocernos un@s a otr@s, nos distanciaban. Así, unos cuantos metros más adelante y media hora más tarde, ya estábamos platicando con el vecino que venía de Chiapas sobre la lentitud del avance y lo curioso de que en los hasta entonces últimos veinte minutos ya nos hubieran ido a contar dos veces para decirnos hasta qué persona formada en la fila podríamos votar.
Otros dos cuartos de hora después habíamos podido cruzar el arroyo de regreso para avanzar hacia el norte por la escarpa poniente de la calle 48. De las 2 a las 4.30 de la tarde pudimos caminar casi todo el trecho de la cuadra oriente de la manzana del CECUNY, mientras los rumores, junto con el marcador del triunfo de la selección española de futbol sobre su similar de Italia de cuatro goles a cero, comenzaron a sucederse entre la oferta y la demanda de chicharrones, kibis, aguas, bolis y raspados: «ya se van a acabar las boletas», «otras casillas especiales ya cerraron y están mandando a todo mundo para acá», «la señorita que está haciendo la captura no muy bien sabe cómo hacerlo».
Con todo, uno de los dos rasgos más significativos para ese momento fue la iniciativa de un par de ciudadanos, un hombre y una mujer, de preguntar cuántas boletas quedaban realmente y, a partir de allí, enumerar con marcador en mano a cada una de las personas que íbamos en la fila. 510 fue el número total; a mí me tocó que me pintaran el brazo, cual prisionero en campo de concentración alemán, con el #459. El otro, fue una especie de pasarela de una pareja de jóvenes donde ella, embarazada, llamaba la atención de todos los presentes gracias a que aprovechando la redondez de su vientre había pintado sobre éste un disco de prohibición cancelando un signo de pesos encerrado todo en la leyenda: «mi voto no se vende».
Serían las 5 de la tarde cuando, a la altura del portón que da al estacionamiento del CECUNY, me desprendí de la fila para ir a ver qué pasaba en la casilla y porqué estábamos avanzando tan lentamente. Aquello era un galimatías sin pies ni cabeza que me recordó cuando nos reportaban los capacitadores-asistentes electorales que en las casillas especiales del IMSS, Las Palmas o Paloma de la Paz, en Cuernavaca, Morelos, los ciudadanos estaban comenzando a llegar a las manos. En todas y cada una de ésas veces, cuidando de no romper el quorum de la sesión de Consejo, siempre hubo un consejero electoral que hiciera acto de presencia para informar a las y los ciudadan@s la situación siempre delicada de las casillas especiales; aquí no sucedió así.
¿Quién organiza toda esta desorganización?
La demanda más sentida, junto con lo que nos parecía una demora que ya se había extendido demasiado, era entonces la falta de información por parte de las autoridades electorales, incluyendo los propios funcionarios de la casilla. Así las cosas, sin pensármelo demasiado, le entré al toro de recordar a quien quisiera oírlo que la ley establecía un máximo de 750 boletas y que la insuficiencia de las mismas no era culpa de los funcionarios de la casilla, sino de la norma electoral que, eso sí, daba facultades a los consejos distritales de decidir el número y la mejor ubicación de las casillas especiales.
Esto de la ubicación no era poca cosa; en el mismo lugar estuvieron concentradas las casillas básicas de la sección 0458 tanto para la votación federal cuanto para la local, cuya afluencia, al mezclarse con el de la casilla especial sin nadie que pusiera un mínimo de orden en el flujo de personas, hacía de la entrada del CECUNY un cuello de botella.
Fuimos l@s mism@s ciudadan@s, con ayuda de un par de representantes de partidos políticos que pronto se tuvieron que deshacer de sus pins que les identificaban como tales, quienes nos organizamos para hacer de aquello algo más transitable: entre las 17 y las 18 horas pasaron por la puerta del CECUNY poco más de 40 personas que sufragaron en la casilla especial; de las 6 de la tarde en adelante el flujo, ya organizado, fue de casi 100 personas por hora: de haber continuado con el ritmo anterior, mismo que entre las 8 de la mañana y las 5 de la tarde permitió el paso de sólo unas 400 personas, en lugar de las 9 de la noche hubiéramos terminado hasta la 1 de la madrugada.
Gracias a la actitud cívica de buena parte de las y los ciudadan@s hacia el final de la jornada, aquello pudo llevarse sin contratiempos mayores a los que ya habían venido ocurriendo. Durante la jornada sucedieron algunas cosas que pudieran haberse considerado a simple vista como delitos electorales, como el hecho de que por lo menos tres vehículos pasaron frente a la fila con propaganda partidista pegada en sus vidrios traseros: dos con propaganda de Enrique Peña Nieto y uno de Josefina Vázquez Mota, de que no faltó quien expresó públicamente la intención de su voto estando aún formado en la fila o de que, a diferencia del presidente de la casilla básica para la votación local, el de la casilla similar para la elección federal no salió a preguntar si quedaban todavía ciudadanos de la sección que estuvieran por votar; pero difícilmente podría haberse consignado algo de eso como una violación al articulado en materia de delitos electorales del Código Penal Federal, dado que, en el primero y segundo casos, no hubo presión objetiva a ningún elector con el fin de orientar el sentido de su voto y, en el tercero, la no consulta no obstruyó la votación de nadie.
Todos son, no obstante, pequeños botones de muestra de una actitud tanto cívica cuanto organizativa de la propia ciudadanía que deja mucho qué desear; como aquellos otros donde algunas personas, las primeras de la fila, se resistían a que pudieran pasar a votar sin formarse otras de la tercera edad que era evidente que apenas y podían andar u otras con alguna discapacidad motriz que esperar lo mismo que quienes no tenían alguna discapacidad evidente les hubiera significado inclusive alguna lesión. Muy diferente, para decirlo en descargo de quien tiene una actitud de respeto y civismo, del señor que habiendo salido de la formación cuando se percató de que había olvidado su credencial para votar preguntó si podía entrar a la casilla porque su turno ya había pasado y, cuando la gente le dijo que no, aguardó hasta que pasara el último de la fila hasta ése momento, o de la señora que perdió su viaje de regreso a la ciudad de México porque no quiso irse sin haber votado.
La organización en torno a las casillas especiales siempre ha implicado para la autoridad electoral un dolor de cabeza; por una parte, los consejos distritales, en tanto organizadores operativos de la jornada, no parecen darse cuenta muchas veces de que en dichas casillas habrá conflictos y de que será necesario que un consejero esté constantemente dando explicaciones a la ciudadanía; por otra, la información con que cuenta el/la ciudadan@ siempre parece carecer de elementos para normar criterios acertados y asertivos que, sumados a la desconfianza para con el Instituto, hacen de todo aquello un caldo de cultivo para la confrontación muchas veces gratuita.
Si a esto aunamos que, en lo operativo, no faltamos l@s ciudadan@s que habiendo cambiado de domicilio o teniendo nuestros pueblos cerca no actualizamos nuestra credencial para votar ni acudimos a nuestra sección para dejar más boletas libres a quienes estando en la entidad por vacaciones, estudios o trabajo decidieran acudir a la casilla especial o que, en lo ideológico, hay quien tiene por consigna descalificar de antemano el trabajo del Instituto entorpeciendo la organización más que ayudando, las causas por las cuales miles de ciudadanos pueden llegar a quedarse sin votar, ora por insuficiencia de boletas, ora por hartazgo de la espera, se multiplican casi exponencialmente.
Y, luego, ¿qué?
Son las 6 de la mañana del día 2 de julio, el ex presidente Vicente Fox debe estar celebrando en casa su cumpleaños y su segundo triunfo, «haiga sido como haiga sido» (Calderón dixit), contra Andrés Manuel López Obrador: los datos del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) lo colocan, amén de lo que arrojen los cómputos distritales a partir del próximo miércoles, casi 5 puntos porcentuales por debajo de Enrique Peña Nieto; a este ritmo la distancia en el PREP entre uno y otro podrá llegar a ser de entre 6 y 7 puntos porcentuales, acorde con los datos demoscópicos de encuestadoras como Berumen e Ipsos-Bimsa, y no del 13 por ciento que reportó el Conteo Rápido del IFE a partir de las 8 de la noche de ayer, ni mucho menos de los entre 15 y 20 puntos porcentuales que empresas como Mitofsky, Parametría, GEA/Isa o Idemerc-Harris propagaron en Televisa, la cadena de medios en posesión de Vázquez Raña, Milenio y el Financiero, respectivamente.
Será muy difícil que los cómputos distritales y las diversas denuncias ciudadanas declarando que hubo fraude electoral puedan revertir el triunfo del priísta que al frente del gobierno del estado de México y en connivencia con Fox y Calderón mismos, silencio cómplice del perredismo incluido, reprimió con saña y lujo de violencia al pueblo de Atenco, el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y la Otra Campaña hace seis años. Tocará, pues, a los pueblos, organizaciones y movimientos de todo tipo hacer frente y resistir un sexenio en el que imperarán, por mencionar sólo tres elementos, la represión sistemática contra la disidencia más organizada, la continuación de una práctica económica lesiva para los más en beneficio de los bolsillos de los menos y la consolidación de un modelo educativo que tendrá en Elba Esther Gordillo y el duopolio televisivo de Televisa-TvAzteca sus exponentes por antonomasia.
No me llamo a engaño: quienes siempre dijimos que ganara quien ganara tendríamos que organizarnos porque en medio del table dance que significaron las campañas políticas la única certeza que teníamos era que ningun@ de l@s contendientes acotaría un modelo de producción económica de suyo criminal como el capitalismo y con ésa misma certeza acudimos a las urnas para anular nuestro voto, dejarlo en blanco o anotar el nombre de nuestras demandas en el recuadro de «candidatos no registrados», sabemos que más allá de la política del arriba está una política muy otra, del abajo y a la izquierda.
Hace seis años una campaña, con más cara de fascismo que de democracia, repetía hasta el cansancio que si no votábamos nos calláramos; hoy, a nuestra posición se le tildó de «voto inútil» porque el pragmatismo y los números, y no las ideas y los principios, suelen marcan el actuar de cuando se juega el juego de la política de arriba. No nos abstuvimos, votamos por lo que creíamos; sólo que nuestros sueños de por sí no estaban en sus urnas. Están en la construcción hombro con hombro de los pueblos indígenas en resistencia, en los movimientos sociales que no se dejan cooptar por los partidos políticos, en las organizaciones honestas de la sociedad civil, en l@s trabajadorxs que luchan por democratizar de raíz sus sindicatos, en quienes resisten con dignidad la expulsión económica de sus lugares de origen, en quienes enfrentan día con día el embate de empresas abrigadas en legislaciones que les permiten saquear y contaminar recursos naturales, en quienes hacen del arte y la cultura vasos comunicantes para fortalecer el multimentado tejido social que el capitalismo pulveriza, en quienes no olvidan a sus muert@s de muerte injusta y desaparecid@s ni lo perdonan.
01 julio 2012
Votar o no votar, ¿es ésa la cuestión?
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| Imagen tomada de El blog de LaAlquimista. |
Asistimos como país a nuestra enésima cita electoral; para estas alturas, prácticamente todas las personas en edad y con posibilidades de votar en México, ya saben qué harán con su boleta. Habrá quien la tache sobre alguno de los nombres de los candidatos y la candidata, sin importarle el partido; habrá a quien sea el partido lo que les importe y no el nombre de los y la aspirantes; habrá quien, con un poco más de información, sufrague por el personaje de su elección cuidándose de favorecer o no tal o cual lista plurinominal; habrá quien, argumentando que ninguno de l@s candidat@s y mucho menos sus partidos le representan, anulará (no se abstendrá) su voto.
Éticamente, es lo que esperamos que ocurra; sin embargo, votar implicará también una larga sucesión de cálculos, algunos políticos, otros no tanto, que tendrán como escenario el plano de lo moral. Si la elección fuera un circo, y aquí la analogía no quiere ser peyorativa, la primera de sus pistas en este plano sería la propia ley que regula el proceso; una segunda pista será el actuar de, para decirlo de algún modo, los aparatos partidistas de la y los contendientes, y, amén de miradas más complejas, una tercera pista, tan definitoria como las anteriores, serán las razones por las que cada quien decida ir o no a las urnas.
He sido consejero distrital del Instituto Federal Electoral (IFE) en dos procesos electorales. Sé, porque conozco de historia, el largo camino que ha significado contar con una institución como el IFE y sé, porque he participado de ello, el enorme trabajo que hay detrás de cada vez que se organiza una elección y los candados técnicos y operativos que por ley blindan dicha organización; pero sé también que la composición de los órganos electorales se decide por acuerdo entre los partidos políticos y que los operadores de estos lo que menos buscan es garantizar un proceso que se caracterice por su certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad.
La limpieza de la elección recaerá sobre los hombros de los consejos electorales distritales, locales y general… de la elección federal, quiero decir; limpiar los cochineros estatales será la tarea titánica de los institutos de cada entidad… pero la responsabilidad de que no suceda no será sólo suya: el IFE no es una persona, es una institución cuya acreditación se la da, por un lado, la ley que lo rige y, por otro lado, las personas que participan en su seno. La ley que norma el actuar del IFE garantiza la limpieza de la organización de la elección, pero no la limpieza de la elección; ambas, la elección y su organización, tendrán un alto grado de credibilidad si las personas que organizan la elección misma, desde consejer@s electorales hasta funcionari@s de casilla, hacen lo que moral y éticamente tienen que hacer.
¿Qué podrá impedir que las y los ciudadan@s que están a cargo de la organización de la elección hagan lo que moral y éticamente están obligados a hacer? La estructura electoral de los partidos políticos, dentro y fuera de estos. Son los partidos políticos los que, desde el Legislativo, han diseñado las reglas del juego electoral; ellos, sus operadores políticos, ora diputados y senadores de política abierta a quienes la ciudadanía podría vigilar si quisiera, ora cabilderos de politiquería soterrada que nada más rinden cuentas a sus jefes, han determinado moralmente qué leyes normarán, calificarán y sancionarán la elección.
Los partidos políticos, por sólo citar una cadena de sucesos que pueda servir de ejemplo, han avalado la concentración de poder mediático en una o dos empresas de telecomunicaciones gracias al otorgamiento indiscriminado de concesiones sobre el uso del espectro radioeléctrico; han impulsado que esa o esas empresas se hayan convertido, para decirlo con la R., en la verdadera Secretaría de Educación Pública de este país, y han permitido que, con ése poder, puedan apoyar a un candidato que a pesar de haber rebasado insultantemente los topes en los gastos de campaña siga contendiendo por un puesto de elección popular.
Los partidos políticos, como el IFE, no son en sí mismos personas (a menos que desde el lenguaje técnico de las finanzas se nos recuerde aquello de las personas físicas y las personas morales); son organismos de personas. A esas personas, en mayo de 2011, un escritor, poeta para más señas, les pidió que limpiaran el cochinero que tenían por partido o, de lo contrario, éstas serían «las elecciones de la ignominia». El poeta había perdido a uno de sus hijos trágicamente, de manera similar en que miles de familias han perdido a sus hijas, hijos, madres, padres, amigas y amigos; junto con algunas y algunos de esos familiares se sentó frente los señores, y una que otra señora, del poder para poner fin a tanta pérdida. La respuesta de las personas que militan en o simpatizan con algún partido político, incluyendo claro a los señores y una que otra señora del poder, fue el desprecio, el engaño y la burla.
Las reglas del juego están puestas y, con esas reglas y por quienes en el juego juegan, las elecciones que ¿celebramos? son, en buena medida, un cochinero. A qué grado lo será dependerá de si nos quedamos o no en casa a ver la final de la Eurocopa, o a cualquier otra cosa, en lugar de ir a las urnas; de si, siendo funcionario de casilla, pongo cuidado o no en todos los detalles para velar por que las urnas y boletas bajo mi responsabilidad sirvan su cometido; de si, siendo representante de partido en la casilla, velo por los intereses de mi partido o por la limpieza de la elección; de si, siendo observador electoral, con acreditación oficial o sin ella, sigo o no lo que la ley marca en la materia; de si, siendo consejero electoral, vigilo o no que se cumplan a cabalidad los cinco principios rectores de la labor del Instituto; de si, siendo integrante de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, llevo a cabo o no mi trabajo, o de si, siendo magistrado del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, sanciono o no la elección conforme a derecho.
Pero, sobre todo, dado que los partidos políticos (y sus candidatas y candidatos) seguirán haciendo hasta lo imposible por mantener de pie su cochinero, la tarea de la limpieza recaerá sobre los hombros, los codos, las piernas, las manos, los pies, las rodillas, la palabra y la imaginación ciudadanas más allá del simple y llano acto de acudir a las urnas, tomar la boleta y marcar nuestra opción, ora por uno, dos o tres de esos partidos, ora por uno o una de sus candidat@s, ora por ningun@.
Afuera de las urnas nos esperan las trasnacionales que esos mismos partidos y candidatos han beneficiado con leyes de todo tipo para saquear la riqueza natural del país; nos espera el crimen organizado, no sólo los cárteles de la droga, con el cual esos mismos partidos y sus candidatos siguen tejiendo alianzas legales e ilegales en aras de su desmedida ambición y, en el menos peor de los casos, la corta mira de su conservadurismo ramplón; nos espera un sistema político que en respuesta al modelo de producción económica que lo domina militariza las calles y criminaliza tanto la pobreza cuanto la disidencia; nos espera un modelo educativo intencional e irresponsablemente anquilosado en prácticas de reproducción dogmática del conocimiento; nos esperan organizaciones gremiales de todo tipo, no nada más sindicales, que democratizar de raíz. Nos esperan, en fin, un montón, un titipuchal, un chingo de cosas por hacer, discutir, cambiar, acaso revolucionar; pero para eso el paso indispensable será organizarnos.
Asistimos como país a nuestra enésima cita electoral; sin embargo, ¿cuándo podremos decir que estamos también teniendo un encuentro verdadero con la democracia?
01 mayo 2010
Feliz día del niño, hijo: entre el miedo y algo de mierda.
Como es también nuestra costumbre, confiados, porque en efecto las calles de la así llamada Ciudad Blanca despiden un halo de tranquilidad que ni en sueños se percibe en casi todo el resto del país; confiados, decía, de que estamos seguros y podemos estar relajados, yo me hundí en el ordenador siguiendo vía twitter las noticias sobre el rescate de Érika Ramírez y David Cilia, reporteros de la revista Contralínea, mientras Adis retornaba a su mundo entorno del árbol que se erige orgulloso en la esquina de la 47 con el remate del Paseo Montejo, donde suele parapetarse para sorprender a José Ramón cuando acude a cenar con nosotros.
Es mi costumbre (ésa sí, buena costumbre) no soltarle la vista demasiado para saber siempre dónde y qué está haciendo; así que cuando una patrulla de la policía estatal se detuvo donde él estaba jugando y se bajó uno de los dos oficiales que iban en ella para decirle algo, los malos pensamientos acudieron a mi mente trayendo a la memoria aquellas discusiones con militares en improvisados retenes al norte de Cuernavaca, en Morelos, sobre supuestas “revisiones de rutina” y seguras violaciones a garantías individuales hace más de diez años.
No obstante, el niño se apartó de los oficiales y por un momento pensé que mi paranoia había dado de sí como en otras ocasiones y que seguramente le preguntaron algo sin importancia. Regresé la mirada a la pantalla del ordenador para ver si había algo nuevo sobre lo que ocurre en Oaxaca y volví la mirada a Adis para saber dónde estaba; en ése bajar y subir la mirada, el niño había llegado hasta la mesa que ocupábamos para decirme que el policía quería hablar conmigo. ¿De qué?, pregunté; De mi pistola de juguete.
No fue necesario que Adis me dijera mucho más. Le pedí que no me siguiera, sino que aguardara sentado a la mesa mientras yo hablaba con el agente y me encaminé al lugar donde estaba estacionada la patrulla aún con el motor en marcha y las luces sobre el toldo girando encendidas.
–¿Qué sucede, oficial?
–Buenas noches, caballero –dijo el hombrecito de uniforme tendiéndome la mano en gesto amable.
Devolví el gesto alcanzando su mano con la mía y repetí la pregunta: ¿Qué sucede? Y resulta, que lo que sucedía era que Adis, con su pistola de juguete, con la cual llevaba por lo menos media hora jugando dando de brincos y enramándose y desenramándose entre las oquedades del señor árbol, había pasado a convertirse en una amenaza pública.
Yo ya imaginaba de qué iba todo el cuento desde el momento en el que el niño me respondió: “de mi pistola de juguete”. Pero hasta ése momento pude percatarme de la magnitud de la situación: el bar que está sobre el café de la contraesquina había cesado su acostumbrado escándalo y los parroquianos miraban desde la terraza con ávida curiosidad al sitio debajo del árbol donde el agente y yo conversábamos, en compañía, claro está, de otras dos patrullas que hacían eso que el argot denomina como “apoyo”.
–Una pareja que pasó en su auto pidió la asistencia, lo mismo que la gente de aquél bar y la cámara de tránsito ya lo grabó –dijo–; no puede andar en la calle como si portara una pistola de verdad.
Estaba de más que yo me hiciera el necio y preguntara cosas como: “y si anda en la calle como si no la portara, pero lo hiciera; ¿sí se vale?”, o, más en serio: “¿qué no era evidente que el niño estaba jugando?, lleva horas entrando y saliendo de esas ramas, las mismas que ustedes han pasado patrullando, ¿y de pronto, de buenas a primera, se vuelve un presunto delincuente?” Y digo estaba de más, porque a mi mente cruzó la idea de que, cuando a estos tipos se les llama porque en verdad se les necesita, nunca aparecen; ¿no debería estar satisfecho de que por fin hubieran respondido a un llamado de auxilio?
Pensé en el artículo que leí de Octavio Rodríguez Araujo, publicado esta mañana: “De militares y derechos constitucionales” (La Jornada, 29/04/10), y en la compleja urdimbre de lo que sucede en la mente de un así llamado guardián del orden sometido a una lógica de guerra como la que dictan nuestras autoridades civiles en conformidad con las doctrinas militares de nuestro vecino del norte. Y me puse en los zapatos de quienes han terminado por ver reducidas sus facultades mentales, al grado de creer que un niño jugando alrededor de un árbol puede ser un zeta en franco proceso involutivo a punto de convertirse en chimpancé.
No sé si hice bien o no, pero le dije al agente que entendía perfectamente. Como sea, ¿qué carajos hace un niño de 11 años a eso de las 2300 horas blandiendo lo que de lejos, y no tan lejos, puede parecer un arma de verdad?: si su papá, o quién sea, puede ser tan irresponsable como para tenerlo a tan altas horas de la noche fuera de su casa y de su cama, bien pudiera ser tan imbécil como para dejarle jugar con su revólver calibre .22, ¿qué no?
Es verdad, suena absurdo; pero, probablemente, la señora emperifollada que viniendo en su camioneta último modelo lo denunció, sí suele dejar su rifle de cacería al alcance de los angelitos de la casa (no sería la primera vez que algo así ocurriera; pregúntenle a la sirvienta de los niños Salinas de Gortari)… perdón, estoy siendo sarcástico y, por eso, injusto. Mi única justificación, y no alcanza como tal, es que a mí jamás se me hubiera dado pensar que un niño, o quien sea, pudiera estar jugando con un arma de verdad en la calle: si soy tan acomedido y tengo el valor civil como para llamar a la policía porque veo a un mozalbete armado, quizás se me hubiera dado, también, dudar un poco de lo que veía porque de principio suena estúpido y ver con más cuidado la escena; y me hubiera dado cuenta de que era sólo un niño jugando.
¿Qué debo tener en la cabeza pero no hacerlo?... No, mierda no… Suena parecido, pero no; no es mierda. Lo que de seguro tengo, es miedo. Y por miedo, uno puede dejar de ver lo obvio; creerse el cuento de que la patria está en peligro y perder de vista que un problema de salud, como el consumo de enervantes y drogas, es un asunto de seguridad nacional; llamar en consecuencia al ejército o a la marina, si los militares ya se aliaron al capo en jefe de turno, y aprobar leyes que criminalicen al que todos sabemos que es carne de cañón para los cárteles de la droga: el más hambriento… porque es más fácil destruir que construir, es más fácil matar que educar, es más fácil privarle de su libertad que brindarle un trabajo digno con el que pueda vivir decorosamente.
Eso debo tener: miedo. ¿No fue el voto del miedo lo que según la mitología electoral llevó a Zedillo a la Silla del Águila tras el asesinato de Colosio? ¿No es el miedo lo que ondea Calderón como razón de la sinrazón de militarizar el país entero? ¿No es el miedo lo que justifica el que los fines de semana la gente que habita la otrora “ciudad de la eterna primavera” se autoimponga un “toque de queda”? ¿No es el miedo a lo que no puedo entender lo que me sirve de discurso para descalificarlo? ¿No es el miedo para con el otro, el distinto a mí, lo que me ayuda a pedir que sea expulsado, encarcelado, hacinado, exterminado? ¿No fue el miedo lo que calló tantas voces durante años de estalinismo? ¿No fue miedo lo que provocó tantos silencios cobardes en tiempos de nazismo? ¿No fue el miedo elevado a Acta Patriótica lo que le hizo ganar la reelección a Bush hijo?
Sí; eso debo tener seguramente: miedo… y sí, también algo mierda.
27 abril 2010
Hablando de crimen organizado: escenarios y (algunos) personajes.
Ilustración a partir de una litografía de Flora Guerrero y un cartón de El Fisgón, la cual sirviera de imagen para el programa de mano de la puesta en escena Y la historia comenzó... en 1998.A mi cuenta de correo electrónico llegan algunas noticias enviadas por amigas y amigos míos a quienes no veo desde que abandoné el altiplano del país, centro político, aunque no geográfico, de eso que llamamos la República Mexicana. Me emociono, me indigno, me envuelvo de ternura; me visto y me desvisto pasando de la esperanza a la desesperanza y vizconversa.
Una me comparte que el II Encuentro Nacional de Teatro en Tetela del Monte que se llevó a cabo a principios del mes fue un éxito y pregunta si nos animaremos a llevar algo para la tercera edición.
Otro me da cuenta de cómo el narcotráfico y sus dinámicas asociadas están poniendo en riesgo la red social en Morelos, particularmente en Cuernavaca.
Otro más me dice, entre cómplice y burlón, que David Hevia estrenó ya su versión de La vida es sueño, de Calderón, en Casa del Teatro, y me pregunta por la que yo estoy preparando con todo y loa de Sor Juana y entremeses cervantinos entresacados del Quijote.
Otra me platica de que Sara López, compañera del Movimiento Contra las Altas Tarifas de Energía Eléctrica en Candelaria, Campeche, presa de conciencia desde el 10 de julio de 2009, recibió el Premio Nacional de Derechos Humanos “Don Sergio Méndez Arceo” este año, y me manda fotos de cuando entregamos ése mismo reconocimiento al general Gallardo y a la comisión organizadora de la consulta zapatista de 1999.
Y el último, uno de los que más extraño, me abre su corazón en medio del recuerdo que le vino a un año de la muerte de su hermano mayor, Josean, a causa del A/H1N1, en medio de la negligencia e ignorancia de médicos y funcionarios de salud: sus familiares están entre quienes recibieron la promesa, en este caso, de Marcelo Ebrard de que serían atendidos para evitar nuevos contagios o responder con prontitud a los que hubiera; promesa que no fue cumplida.
El cúmulo de sensaciones que unas y otras noticias me provocan me anima, pues, a romper el silencio que venía guardando y que a la larga no había sino expresado en sí mismo el carácter de mi ausencia: el autoexilio.
El país estaba desde entonces, el año de mi autoexilio, envuelto en una suerte de shock del que hasta la fecha no ha terminado de recuperarse por completo, enmarcado en los acontecimientos políticos por los que atravesamos durante 2006 (la mención obedece a razones cronológicas):
- El arranque de la Otra Campaña, iniciativa zapatista que entre otras características tuvo la de desmarcarse del todo de la autonombrada izquierda partidista mientras el Subcomandante Insurgente Marcos bajo su mote de Delegado Zero de la Comisión Sexta del EZLN emprendía el enésimo ejercicio de encuentro entre el llamado neozapatismo y la sociedad civil supuestamente organizada contra el capitalismo desde abajo y a la izquierda;
- El fraude electoral, que sirvió de piedra de toque al gobierno de facto que encabeza (valga el eufemismo) Felipe de Jesús Calderón Hinojosa y que ha venido a significarse, más que la continuidad de la democratización del sistema político mexicano que algunos ingenuamente esperaron comenzaría con Vicente Fox, en el pase de magia que nos regresará a los viejos tiempos de la dictadura perfecta priísta, y
- La creación de eso que los asesores lopezobradoristas (salinistas de ayer y hoy) dieron en llamar la Convención Nacional Democrática; escenario más bien circense de múltiples pistas que se permutó en la erección de una también autonombrada presidencia legítima que con todo y águila republicana [sic] inviste y reviste de una paradójica rebeldía institucional al cada vez menos ex priísta Andrés Manuel López Obrador.
Por un lado, la Otra Campaña, que como su nombre lo sugiere tomó distancia del proceso electoral de 2006 para tender un puente en el que se escucharan entre sí los más diversos esfuerzos de organización social, política, económica y cultural que en México se declaran como anticapitalistas y antineoliberales, para de allí armar una agenda distinta a la de la clase política en el poder, fue reprimida brutalmente, ora de manera abierta y descarada, como en San Salvador Atenco y las comunidades Bases de Apoyo Zapatistas, ora en forma soterrada por todo el territorio nacional (porque no “todo México es territorio Telcel”) en contra de trabajadoras sexuales, pueblos indígenas en resistencia, jóvenes con proyectos que llaman contraculturales y un largo etcétera.
Por el otro lado, el gobierno calderonista, que para algunos artistas e intelectuales se caracteriza como propio de una “derecha moderna”, se ha encargado de significarse a todas luces como un régimen contrarrevolucionario que enfoca sus baterías a terminar de desmantelar los pocos derechos sociales, políticos, económicos y culturales que habían sobrevivido gracias a la resistencia de infinidad de personas, grupos, colectivos, organizaciones y pueblos contra 70 años de “revolución institucionalizada”.
Y, ¿por el centro?, el lopezobradorismo movilizando a miles o si se quiere millones de personas en contra de la privatización de la industria petrolera y poniendo más o menos en jaque a quien detenta la Silla del Águila; pero, al mismo tiempo, aliándose con grupos paramilitares en Chiapas, coludiéndose con los caciques priístas que se lanzan a campañas electorales, entregando la Ciudad de México al salinismo de corte camachista y guardando silencio de, por ejemplo, la privatización del servicio de agua potable que continúa en la capital del país con las lamentables consecuencias que ya muchos están viviendo por la falta del vital líquido.
¿El resultado?
El zapatismo, entendiendo por éste no sólo al EZLN ni nada más a las comunidades y pueblos indígenas en resistencia y rebeldía (pero sin olvidarlos), procesos autonómicos incluidos, no parece consolidar la mínima unidad operativa que pueda articular el Programa Nacional de Lucha que justamente desde 2007 se viene discutiendo de poquito en poquito; ni parece poder dar el salto cualitativo que necesita para pasar de la defensiva organización contra la represión a la ofensiva proliferación de proyectos que desde abajo y a la izquierda se emparejen a la experiencia de las Juntas de Buen Gobierno, cuya labor cada vez se ve más amenazada bajo el constante golpeteo contrainsurgente protagonizado por toda la clase política y sus fuerzas armadas.
La “derecha moderna” ha claudicado a su obligación de gobernar este país. Haiga conseguido la Presidencia de la República mediante la vía del fraude (como suponemos muchas y muchos) o la haiga alcanzado por el camino de un apretado y por eso cuestionado resultado electoral, la administración calderonista (perdón por el doble eufemismo) no ha hecho sino darnos la razón a quienes hemos sostenido que son los intereses de poderes fácticos y no la defensa de la soberanía, ni la construcción de la democracia, ni la persecución del bienestar común, ni el logro de una vida segura y digna lo que tiene al “Hijo Desobediente” de Castillo Peraza colgando sus calzones en Los Pinos; ahí están, como botones de muestra, la nueva Ley Federal del Trabajo que pretende hacer pasar en el Congreso de la Unión (con una cultura laboral vigente que ya de por sí es violatoria a la Constitución mediante contratos de terciarización), las reformas fundamentales en materia de uso y disfrute de energéticos (enmarcadas en la paulatina privatización de la industria petrolera y la desaparición de Luz y Fuerza del Centro), la entrega del control de áreas estratégicas en materia de seguridad al Pentágono, el FBI y la DEA (con oficinas de estas dependencias estadunidenses en la capital del país, patrullajes de sus agentes por todo el territorio nacional y entrenamiento de militares mexicanos por asesores extranjeros con residencia en México), la cada vez más clara reducción de las políticas culturales a favor del mercado y el turismo (donde lo mismo cantan Elton John en Chichén Itzá y Joaquín Sabina en Los Pinos, que en nombre del combate a la piratería y la suscripción a escondidas de acuerdos como el ACTA se violan garantías individuales), la privatización de bienes y servicios relacionados con los derechos a una salud y una educación dignas (una red de institutos de investigación en franco desmantelamiento y un Acuerdo por la Calidad Educativa suscrito fast track y, a veces, a escondidas) y su estúpida campaña criminal de combate al narcotráfico (haciendo que un problema de salud pública se convierta en un asunto de seguridad nacional, como lo dicta la Doctrina de Guerra de Baja Intensidad diseñada en Estados Unidos).
Mientras tanto, el lopezobradorismo, vía sus operadores políticos y sus intelectuales orgánicos, hace los más inusitados malabares para justificar lo injustificable y defender lo indefendible, entre juanitos, legisladores que siguen haciéndole gordo el caldo a la derecha, alianzas políticas vergonzosas con los asesinos y torturadores de sus compañeros de partido y, lo que quizás sea peor, capitalizando el más que obvio y justificado descontento popular para enfocarlo en sacarle la lengua a Calderón y, entre que se le dice de las mil y una maneras que es un espurio, terminar desgastándolo… hablo del descontento.
En tan esperanzador panorama, dado que a río revuelto ganancia de pescadores, el crimen organizado avanza. Allí están, por un lado, los cárteles del narcotráfico, expresión más visible de las redes que lo componen (niñas y niños para la pornografía infantil o la pederastia, mujeres para el lenocinio, hombres para el sicariato), pero que no son más que mero negocio porque en el capitalismo todo es susceptible de ser comprado y vendido, y, por otro lado, el partido político que lo hizo posible, le sirvió la mesa, lo procura y lo alimenta; el que en ancas de una cara bonita atlacomulqueña o una larga carrera en el aparato de seguridad nacional con olor a carne asada espera el dulce retorno a Palacio Nacional, ora sentándose a Calderón en las piernas, ora con el brazo levantado en señal de victoria por López Obrador; el que sí sabe cómo hacerlo (ahí están el hombre más rico del mundo, Carlos Slim, y la sociedad que más consume narcóticos en el planeta, la estadunidense, para dar cuenta de ello en su doble papel de avales y testigos): el PRI… y sí, sigo hablando de crimen organizado.
14 diciembre 2009
¿TRAMPA CAZA “LOBO” EN SANTO DOMINGO? La fallida Cumbre Pepe Lobo – Leonel Fernández - Manuel Zelaya
ANTECEDENTES:
Por lo general cuando leo noticias cuyo contenido considero “misterioso”, en las que inmediatamente no logro descifrar su real propósito, me tomo extra time en espera otras informaciones que puedan revalidar mis sospechas…
Ese es el caso de la extraña visita que realizaría a República Dominicana el Presidente electo de Honduras, Don Porfirio –Pepe- Lobo a su colega el Emperador Leonel Fernández I…detalles aquí
26 abril 2009
Rebelión en la granja global.
La pregunta que recorre desde los estrechos pasillos de las cocinas en fondas y restaurantes practicamente abandonados, hasta las desoladas salas de los cines, teatros y museos que han tenido que cancelar sus actividades dizque para reducir el contagio es, cada vez más, la misma: ¿qué hacer? Swift quizás recomendaría comernos a quienes ya fallecieron por haber contraído la H1N1 o, por lo menos, como ya se lee en el Facebook, mucha carne de cerdo para ir creando “antipuercos”; Saramago tal vez ensueñe un estado literario de sitio, para que las intermitencias de este nuevo ensayo no alcancen a otras regiones; García Márquez sugeriría, a lo mejor, dejar atados en mitad del patio a la descendencia de Úrsula y José Arcadio con todo y su cola de marrano en estos días de amor en tiempos de transgénicos, y Marx sólo alcanzaría a prologar que un fantasma recorre el mundo: el fantasma del proletariado retrógrada que murió de cáncer por comer lo que vende Monsanto, mientras el dueño de la transnacional se despacha, él sí, con frutas y carnes sin colorantes ni sabores artificiales, sin conservadores... todo muy naturalito.
Por lo pronto, la mejor respuesta sigue siendo la calma, la prevención y, lo que todo mundo evita traer a colación, la organización. Los gobiernos “legítimo” y de facto (que de los dos no se hace uno), donde uno llama a la defensa del petróleo en manos de gobiernos que por más nacionalistas no dejan de ser capitalistas y el otro ordena la intervención del ejército a la menor provocación en una mala versión de la primera película hablada de Chaplin (gracias por recordárnoslo, maestro José Ramón), han implementado medidas que, para decir lo menos, son erráticas. Esto es así porque, además de ignorancia, a quienes nos desgobiernan les asiste el desprecio que anida en ésa misma lucha de clases que José Ramón Enríquez nos invita a no perder de vista en su nota más reciente: la fiebre porcina que amenaza a México, al igual que la aviaria y la malaria hacen en Europa, África y Asia, no sólo es, entre otros factores, resultado de mutaciones que en buena medida ha encontrado idóneo caldo de cultivo en una sociedad donde las leyes del mercado han debilitado al organismo social en aras de aumentar la producción; sino que también se ceba en quienes tienen menos... menos poder adquisitivo, menos calidad en servicios públicos en general y de salud en particular, menos acceso a una información seria e inteligente, menos articulación positiva entre los nodos de su red social.
Revertir eso implica poner en juego lo mejor de nosotras y nosotros mismos, como cuando los sismos en septiembre de 1985. ¿Los gobiernos? Bueno, ellos están más ocupados en parafrasear a Orwell cuando se distribuyen antivirales sólo para quienes viven en el centro del país sin disponer de medidas preventivas para el resto y recetan la aplicación de los medicamentos antes que a nadie a las y los levantadedos de ambos desgobiernos cuyas nalgas sudan en las curules del Congreso de la Unión mientras duermen y firman “sin leer” los paquetes legales que además de ceder nuestra soberanía alimentaria a empresas como Bachoco, Maseca, Pilgrim's Pride o la ya mentada Monsanto, tienen responsabilidad jurídica y política de cara a la epidemia que se avecina. Que nadie se extrañe cuando en San Lázaro, escrito con letras de oro, pueda leerse aquello de que “todos somos iguales, pero unos somos más iguales que otros”.
10 enero 2009
Palangrista
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Fotógrafo, blogger y Periodista digital.
Trabajo: independiente, freelance.
Redattore di StoryTime, Radio Canale Italia

