25 junio 2014
Mexicanos al grito de: "¡Puto!"
21 marzo 2014
05 febrero 2014
Esperando a Kuy.
La madrugada del 25 de enero de 2014, el dramaturgo, actor, director y maestro de teatro y cine Juan Francisco Kuykendall Leal falleció después de 421 días de luchar por su vida. Kuy, como le decimos sus familiares, amigos y compañeros de tablas y lucha, había sido herido el 1 de diciembre de 2012 por un agente de la Policía Federal que velaba por la seguridad de quienes se imponían en el poder tras el golpe mediático de Estado consumado ese mismo día con la toma de posesión de Enrique Peña Nieto como presidente de la República.
Las imágenes de lo ocurrido ese día a Kuy corrieron como pólvora por las llamadas redes sociales gracias al trabajo gráfico de fotoperiodistas de diversos medios de comunicación; pero, sobre todo, por un video grabado por Teodulfo Torres Soriano, mejor conocido como “El Tío”, quien acompañaba a Kuy la mañana de aquél ya famoso #1Dmx en el que el director del grupo de teatro Mitote y su actor habían ido a las inmediaciones del Congreso de la Unión para atestiguar de primera mano el desarrollo de las manifestaciones en contra de quien en 2006 había ordenado la feroz represión a sus compañeras y compañeros de lucha en San Salvador Atenco.
Kuy y “El Tío”, como el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), son adherentes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona emitida por el EZLN en junio de 2005 y, por esa vía, se articularon en la Otra Campaña desde lo que llamaron “La Otra Cultura” haciendo de dicho espacio, junto con otras y otros muchos, una de las unidades organizativas de trabajo más solidarias para con el FPDT y las y los presos políticos que para simplificar hemos llamado de Atenco, al grado que se mantuvieron hasta el final en los plantones frente a los penales donde estuvieron secuestrados nuestros compañeros y compañeras.
Así, pues, estar la mañana del 1 de diciembre de 2012 en San Lázaro era para Kuy y “El Tío” un mínimo acto de congruencia: entre quienes convocaron a esa jornada de resistencia estaban sus propios compañeros y compañeras del FPDT y un movimiento como el #YoSoy132 que se había gestado a partir de que 131 jóvenes universitarios habían decidido no olvidar la golpiza a centenares de hombres y mujeres, el asesinato de un joven y un adolescente, la tortura expresada en violación sexual de decenas de mujeres y las arbitrarias y violentas detenciones del 3 y 4 de mayo de 2006 en Atenco.
“El Tío” llegó a contar que esa mañana Kuy le iba platicando de su próximo proyecto teatral: una especie de farsa callejera cuyo personaje a denostar sería el heredero a la Silla del Águila por el grupo Atlacomulco; aún estaba por decidir si escribiría la obra desde ceros o se basaría en algún otro texto ya escrito, como hizo en los setenta cuando junto con el poeta Jaime Reyes adaptó Esperando al Zurdo de Clifford Odets para apoyar las huelgas de sindicatos mexicanos hace 40 años.
Una granada de gas lacrimógeno puso fin a la plática. Disparada de entre las vallas metálicas que fueron la punta de lanza de la represión orquestada para el #1Dmx tanto por Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto como presidentes saliente y entrante cuanto por Marcelo Ebrard y su delfín en la jefatura de gobierno del Distrito Federal: Miguel Ángel Mancera, la granada se impactó en la cabeza de Kuy provocándole una fractura craneoencefálica con exposición y pérdida de materia gris de la que ya no se recuperaría.
La prueba de que la granada fue disparada por un agente federal es el video que grabó “El Tío” mismo, quien, además, como se pudo observar en fotos que la prensa impresa y digital hizo públicas, recogió la granada que lesionó a su maestro; poco más de cien días después, 112 días para ser exactos, Teodulfo Torres Soriano, el testigo presencial estrella de la agresión que terminó quitándole la vida a Juan Francisco Kuykendall, sería desaparecido.
Existen razones suficientes para suponer que el de “El Tío” es un caso de desaparición forzada; en esto coinciden, por un lado, las y los compañeros de Teodulfo que al momento que escribo estas líneas llevan 320 días exigiendo su presentación con vida y, por otro lado, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal que por esa razón turnó el expediente a la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
Sin embargo, el organismo que preside Raúl Plascencia Villanueva, que en el más infame de los tortuguismos apenas está por publicar su estudio de la represión ocurrida el #1Dmx, argumenta que si “El Tío” no se presenta como el autor del video donde se registra la agresión contra Kuy, la prueba que demostraría la comisión del delito por parte del Estado mexicano perdería su valor y sería desestimada en el juicio contra quien resulte responsable por el homicidio de Juan Francisco Kuykendall.
Kuy fue un hombre de teatro que concibió su oficio como una trinchera para dar voz a quienes en los márgenes y desde los márgenes luchan por un mundo nuevo y mejor; consecuente con su manera de pensar y sentir hizo de su actuación sobre la escena un reflejo de su actuación política y viceversa, de modo que distinguir dónde terminaba un actuar y dónde comenzaba el otro era simplemente imposible.
La ejecución extrajudicial de Kuy y la desaparición forzada de “El Tío” enmarcan, pues, un caso emblemático respecto al verdadero significado que representa el regreso del PRI a Los Pinos y su alianza con los supuestos partidos de oposición bajo el llamado “Pacto por México” donde las derechas e izquierdas de la clase política en el poder han quedado desveladas en su talante corrupto y represivo, dejando muy en claro qué entienden los poderes de jure y de facto que mal gobiernan este país cuando hablan de justicia y democracia.
Como muchas y muchos otros, yo esperaba, parafraseando a Odets, al Kuy; el esperpéntico aparato de “justicia” en México y quienes apostaron por un trato de desprecio y no de cuidados en las clínicas donde estuvo hospitalizado hasta completar la tarea que el policía federal del #1Dmx dejara inconclusa me pusieron, más bien, frente a una obra de título parecido escrita por Beckett, donde Kuy y “El Tío” hacen de Estragón y Vladimir.
Así, pues, por mí, mientras el homicidio en contra de Juan Francisco Kuykendall y la desaparición de Teodulfo Torres Soriano sigan sin castigo a sus autores intelectuales y materiales, pueden ahorrarse la basura demagógica con que nos saturan.
11 enero 2014
Cartas a Adis: 12 de enero.
03 septiembre 2013
La fiesta brava de una contrarreforma educativa aprobada de panzazo.
23 julio 2013
Enrique Ballesté en la ESAY.
«Durante su estancia yucateca y en trabajo directo con poblaciones indígenas, se encontraron con el problema de la comunicación, pues los integrantes del Zumbón realizaban su trabajo en español chilango y diversas comunidades no los entendían en absoluto. Después de plantearse el problema decidieron desarrollar una propuesta teatral sin palabras, que abordara uno de los problemas de la sociedad a la que iba dirigida el trabajo.»
05 mayo 2013
Atenco, el otro cinco de mayo.

No del 11 de julio de 2002, cuando al menos un millar de elementos de
Ni, mucho menos, del 7 de marzo de 2006, cuando el candidato panista a
Ni de la madrugada del 3 de mayo del mismo año, cuando, tras una mesa de diálogo con “autoridades” del ayuntamiento perredista de Texcoco que en la víspera habían asegurado el permiso para la venta de sus flores ése día de
20 abril 2013
#LibertadPatishtán
(Versión corta: Milenio-Novedades, 16 de abril de 2013. Versión larga: La Jornada Morelos, 19 de abril de 2013).
Por: Sebastián Liera.
Del 1 al 7 de abril, el Colectivo escénico El Sótano llevó a cabo, desde la plataforma logística y operativa de Tapanco Centro Cultural, en la ciudad de Mérida, Yucatán, México, la segunda edición de lo que han bautizado como Encuentro Inter-escénico; un espacio convivial (Jorge Dubatti dixit) en el que participaron, por llamarles de algún modo, creadorxs, investigadorxs y espectadorxs provenientes de Colombia, Brasil, Argentina, Ecuador, España y diversos puntos de la así llamada República mexicana.
El Encuentro, caracterizado por las tres columnas vertebrales en que El Sótano aborda su quehacer y reflexión escénicas: lo pedagógico, lo académico y lo estético, fue clausurado con la doble participación de Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe mediante una charla-conferencia sobre su trayectoria como artivistas y la presentación-representación de El Sexto Sol, espectáculo cuyos pre-textos son el Popol Vuh y Una vieja historia de la mierda, de Alfredo López Austin.
En México, la relación entre creadorxs artísticos y trabajadorxs de la cultura, por un lado, y el Estado en su carácter de ogro filantrópico como lo desvela Octavio Paz, por el otro, siempre me ha parecido fascinante y repulsiva a un mismo tiempo, adquiriendo a veces dimensiones que rayan en el esperpento; así las cosas, no es extraño ver a miembros de la informe “comunidad artística” que han colaborado con los regímenes caciquiles más autoritarios apropiándose de discursos políticos radicales para terminar descafeinándolos.
La clausura del Encuentro Inter-escénico de El Sótano me pareció, en relación con lo dicho líneas arriba, un excelente botón de muestra: era delicioso (el uso del adjetivo puede tener algo de ironía) escuchar los aplausos y los gritos de “¡bravo!” de espectadores en su mayoría priístas, mientras Jesusa y Liliana blandían alusiones contra el régimen que le hacían, a ése público, lo mismo que lo que el viento a Juárez.
No obstante, en un momento dado, Liliana se puso de pie y mostró la playera que llevaba puesta; al centro, el rostro en serigrafía de Alberto Patishtán Gómez sirvió de pauta para llamar la atención del respetable sobre el caso del profesor indígena bilingüe que este 19 de abril cumple sus 42 años de vida injustamente preso en el Centro Estatal de Reinserción Social de Sentenciados No. 5, en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.
Actualmente, el profe Patishtán es integrante de La Voz del Amate, colectivo de presos políticos adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del EZLN; pero, en 2000, año en que fue apresado, juzgado y sentenciado, era priísta y, según Hermann Bellinghausen (La Jornada, 24/03/2013), tenía una jefatura magisterial y organizaba una sociedad productiva oficialista con apoyo de distintos barrios del igualmente oficial ayuntamiento de El Bosque.
Fue Rosemberg Gómez Pérez, hijo del entonces alcalde priísta Manuel Gómez Ruiz, quien lo señaló como uno de los atacantes que la mañana del 12 de junio de 2000 emboscaron a un grupo de policías municipales y de Seguridad Pública en el paraje Las Lagunas de la comunidad Las Limas, municipio de El Bosque, dando muerte a siete de ellos; Rosemberg Gómez, junto con el policía Belisario Gómez Pérez, había logrado sobrevivir gracias a que los cadáveres de sus acompañantes quedaron encima de él.
La mañana del atentado, el profe Patishtán tuvo una reunión con padres de familia en Huitiupán, donde trabajaba; no pudo haber participado en el crimen por el que está preso desde hace más de 12 años. Sin embargo, Rosemberg Gómez ratificó la denuncia contra quien además es su primo. Podemos suponer que lo hizo a cambio de la camioneta nueva que ganó por perjurio; pero la respuesta puede estar también en el calendario unos días antes: Patishtán había marchado a la capital del estado en compañía de un grupo de indígenas para presentar una serie de documentos que demostraban la corrupción imperante en la administración de Gómez Ruiz: Rosemberg buscó, pues, neutralizar a quien fuera el principal crítico opositor de su padre, de cara a las elecciones de 2000.
Casi 13 años después, al determinar que la presunta secuestradora Florence Cassez debía ser liberada por ausencia de debido proceso e inconsistencias en las declaraciones de los testigos que la señalaban como cómplice de la banda Los Zodiaco, la Suprema Corte de Justicia de la Nación abrió la puerta para que Patishtán pudiera alcanzar su libertad, pues, su caso se caracteriza igual por la ausencia de debido proceso al habérsele detenido sin orden de aprehensión y obligado a rendir declaración sin abogado defensor ni traductor; más aún, a diferencia de Cassez, las pruebas que han demostrado su inocencia y la inconsistencia de las declaraciones en su contra son abrumadoras.
Los priístas que aplaudieron a rabiar a Jesusa y Liliana suelen considerarse tanto herederos de Felipe Carrillo Puerto, el emblemático ex gobernador autor de aquella frase que aún hoy marca la paternalista relación entre el Estado mexicano y los pueblos indios de este país: “No abandonéis a mis indios”, cuanto guardianes de la infame memoria que honra a los Montejo, los criminales colonizadores cuyas masacres fueron la piedra de toque para la fundación de la Blanca Mérida.
Una pregunta retórica asalta el teclado: ¿será que los del tricolor club de fans de Jesusa y Liliana moverán siquiera un dedo para exigir la liberación de un indígena tzotzil al que no se le ha podido comprobar nada en los 13 años que lleva resistiendo las lesivas prácticas legaloides de una justicia que será ciega pero bien que siente lo que agarra?
09 noviembre 2012
Theatre Uncut/Teatro sin recortes.
20 julio 2012
"Despriizar" la democracia.
![]() |
| Imagen: Nosotros 132 (gráfica), #yosoy132. |
02 julio 2012
Falta lo que falta.
Nadie somos.
Son casi las 12 del medio día, había apagado el ordenador pasadas las 6 de la mañana pensando en que dormiría sólo un par de horas para ir a votar; sí, era 1 de julio de 2012. Lamentablemente, eran poco más de las 11, las 11:32, cuando vi el reloj del teléfono móvil cuyo plan tarifario no he podido pagar por enésima vez… pero, esa es otra historia.
«¡Carajo! –me dije–, la cola en la casilla va estar de la chingada» A pesar de la premonición nada extraordinaria: he sido consejero electoral distrital del IFE en dos procesos electorales y conozco de primera mano cómo se ponen las cosas en las casillas especiales, tardé todavía un poco más en acelerar el paso hacia la ducha y, de allí, con un titipuchal de estaciones intermedias, el lugar donde el Consejo Distrital 04 del IFE en Yucatán decidió ubicar la Casilla Especial 51.
En la casilla de los foráneos.
Supongo que pasaban de las 12:00 i.m. cuando dejamos atrás el parque de Mejorada para llegar por la calle 59 a la puerta del Centro Cultural del Niño Yucateco (CECUNY), donde un cartelón escrito a mano decía: «Casilla Especial». No me equivoqué: la fila de ciudadan@s, buena parte de ell@s aguardando desde las 8 de la mañana según su propio dicho, daba vuelta la esquina de la 59 por la 48 hacia el sur hasta la esquina con la 61, donde unos jóvenes médicos, quizás residentes, parecían marcar su final; no era así: la cola continuaba, cruzando el arroyo, sobre la escarpa norte de la 61 hacia la 46.
Aquella era una situación algo extraña; al menos, una que no imaginaba: más que la casilla especial, ésa era «la casilla de foráneos» y, más pronto que tarde, una cierta sensación de extranjería compartida fue rompiendo las resistencias que, por no conocernos un@s a otr@s, nos distanciaban. Así, unos cuantos metros más adelante y media hora más tarde, ya estábamos platicando con el vecino que venía de Chiapas sobre la lentitud del avance y lo curioso de que en los hasta entonces últimos veinte minutos ya nos hubieran ido a contar dos veces para decirnos hasta qué persona formada en la fila podríamos votar.
Otros dos cuartos de hora después habíamos podido cruzar el arroyo de regreso para avanzar hacia el norte por la escarpa poniente de la calle 48. De las 2 a las 4.30 de la tarde pudimos caminar casi todo el trecho de la cuadra oriente de la manzana del CECUNY, mientras los rumores, junto con el marcador del triunfo de la selección española de futbol sobre su similar de Italia de cuatro goles a cero, comenzaron a sucederse entre la oferta y la demanda de chicharrones, kibis, aguas, bolis y raspados: «ya se van a acabar las boletas», «otras casillas especiales ya cerraron y están mandando a todo mundo para acá», «la señorita que está haciendo la captura no muy bien sabe cómo hacerlo».
Con todo, uno de los dos rasgos más significativos para ese momento fue la iniciativa de un par de ciudadanos, un hombre y una mujer, de preguntar cuántas boletas quedaban realmente y, a partir de allí, enumerar con marcador en mano a cada una de las personas que íbamos en la fila. 510 fue el número total; a mí me tocó que me pintaran el brazo, cual prisionero en campo de concentración alemán, con el #459. El otro, fue una especie de pasarela de una pareja de jóvenes donde ella, embarazada, llamaba la atención de todos los presentes gracias a que aprovechando la redondez de su vientre había pintado sobre éste un disco de prohibición cancelando un signo de pesos encerrado todo en la leyenda: «mi voto no se vende».
Serían las 5 de la tarde cuando, a la altura del portón que da al estacionamiento del CECUNY, me desprendí de la fila para ir a ver qué pasaba en la casilla y porqué estábamos avanzando tan lentamente. Aquello era un galimatías sin pies ni cabeza que me recordó cuando nos reportaban los capacitadores-asistentes electorales que en las casillas especiales del IMSS, Las Palmas o Paloma de la Paz, en Cuernavaca, Morelos, los ciudadanos estaban comenzando a llegar a las manos. En todas y cada una de ésas veces, cuidando de no romper el quorum de la sesión de Consejo, siempre hubo un consejero electoral que hiciera acto de presencia para informar a las y los ciudadan@s la situación siempre delicada de las casillas especiales; aquí no sucedió así.
¿Quién organiza toda esta desorganización?
La demanda más sentida, junto con lo que nos parecía una demora que ya se había extendido demasiado, era entonces la falta de información por parte de las autoridades electorales, incluyendo los propios funcionarios de la casilla. Así las cosas, sin pensármelo demasiado, le entré al toro de recordar a quien quisiera oírlo que la ley establecía un máximo de 750 boletas y que la insuficiencia de las mismas no era culpa de los funcionarios de la casilla, sino de la norma electoral que, eso sí, daba facultades a los consejos distritales de decidir el número y la mejor ubicación de las casillas especiales.
Esto de la ubicación no era poca cosa; en el mismo lugar estuvieron concentradas las casillas básicas de la sección 0458 tanto para la votación federal cuanto para la local, cuya afluencia, al mezclarse con el de la casilla especial sin nadie que pusiera un mínimo de orden en el flujo de personas, hacía de la entrada del CECUNY un cuello de botella.
Fuimos l@s mism@s ciudadan@s, con ayuda de un par de representantes de partidos políticos que pronto se tuvieron que deshacer de sus pins que les identificaban como tales, quienes nos organizamos para hacer de aquello algo más transitable: entre las 17 y las 18 horas pasaron por la puerta del CECUNY poco más de 40 personas que sufragaron en la casilla especial; de las 6 de la tarde en adelante el flujo, ya organizado, fue de casi 100 personas por hora: de haber continuado con el ritmo anterior, mismo que entre las 8 de la mañana y las 5 de la tarde permitió el paso de sólo unas 400 personas, en lugar de las 9 de la noche hubiéramos terminado hasta la 1 de la madrugada.
Gracias a la actitud cívica de buena parte de las y los ciudadan@s hacia el final de la jornada, aquello pudo llevarse sin contratiempos mayores a los que ya habían venido ocurriendo. Durante la jornada sucedieron algunas cosas que pudieran haberse considerado a simple vista como delitos electorales, como el hecho de que por lo menos tres vehículos pasaron frente a la fila con propaganda partidista pegada en sus vidrios traseros: dos con propaganda de Enrique Peña Nieto y uno de Josefina Vázquez Mota, de que no faltó quien expresó públicamente la intención de su voto estando aún formado en la fila o de que, a diferencia del presidente de la casilla básica para la votación local, el de la casilla similar para la elección federal no salió a preguntar si quedaban todavía ciudadanos de la sección que estuvieran por votar; pero difícilmente podría haberse consignado algo de eso como una violación al articulado en materia de delitos electorales del Código Penal Federal, dado que, en el primero y segundo casos, no hubo presión objetiva a ningún elector con el fin de orientar el sentido de su voto y, en el tercero, la no consulta no obstruyó la votación de nadie.
Todos son, no obstante, pequeños botones de muestra de una actitud tanto cívica cuanto organizativa de la propia ciudadanía que deja mucho qué desear; como aquellos otros donde algunas personas, las primeras de la fila, se resistían a que pudieran pasar a votar sin formarse otras de la tercera edad que era evidente que apenas y podían andar u otras con alguna discapacidad motriz que esperar lo mismo que quienes no tenían alguna discapacidad evidente les hubiera significado inclusive alguna lesión. Muy diferente, para decirlo en descargo de quien tiene una actitud de respeto y civismo, del señor que habiendo salido de la formación cuando se percató de que había olvidado su credencial para votar preguntó si podía entrar a la casilla porque su turno ya había pasado y, cuando la gente le dijo que no, aguardó hasta que pasara el último de la fila hasta ése momento, o de la señora que perdió su viaje de regreso a la ciudad de México porque no quiso irse sin haber votado.
La organización en torno a las casillas especiales siempre ha implicado para la autoridad electoral un dolor de cabeza; por una parte, los consejos distritales, en tanto organizadores operativos de la jornada, no parecen darse cuenta muchas veces de que en dichas casillas habrá conflictos y de que será necesario que un consejero esté constantemente dando explicaciones a la ciudadanía; por otra, la información con que cuenta el/la ciudadan@ siempre parece carecer de elementos para normar criterios acertados y asertivos que, sumados a la desconfianza para con el Instituto, hacen de todo aquello un caldo de cultivo para la confrontación muchas veces gratuita.
Si a esto aunamos que, en lo operativo, no faltamos l@s ciudadan@s que habiendo cambiado de domicilio o teniendo nuestros pueblos cerca no actualizamos nuestra credencial para votar ni acudimos a nuestra sección para dejar más boletas libres a quienes estando en la entidad por vacaciones, estudios o trabajo decidieran acudir a la casilla especial o que, en lo ideológico, hay quien tiene por consigna descalificar de antemano el trabajo del Instituto entorpeciendo la organización más que ayudando, las causas por las cuales miles de ciudadanos pueden llegar a quedarse sin votar, ora por insuficiencia de boletas, ora por hartazgo de la espera, se multiplican casi exponencialmente.
Y, luego, ¿qué?
Son las 6 de la mañana del día 2 de julio, el ex presidente Vicente Fox debe estar celebrando en casa su cumpleaños y su segundo triunfo, «haiga sido como haiga sido» (Calderón dixit), contra Andrés Manuel López Obrador: los datos del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) lo colocan, amén de lo que arrojen los cómputos distritales a partir del próximo miércoles, casi 5 puntos porcentuales por debajo de Enrique Peña Nieto; a este ritmo la distancia en el PREP entre uno y otro podrá llegar a ser de entre 6 y 7 puntos porcentuales, acorde con los datos demoscópicos de encuestadoras como Berumen e Ipsos-Bimsa, y no del 13 por ciento que reportó el Conteo Rápido del IFE a partir de las 8 de la noche de ayer, ni mucho menos de los entre 15 y 20 puntos porcentuales que empresas como Mitofsky, Parametría, GEA/Isa o Idemerc-Harris propagaron en Televisa, la cadena de medios en posesión de Vázquez Raña, Milenio y el Financiero, respectivamente.
Será muy difícil que los cómputos distritales y las diversas denuncias ciudadanas declarando que hubo fraude electoral puedan revertir el triunfo del priísta que al frente del gobierno del estado de México y en connivencia con Fox y Calderón mismos, silencio cómplice del perredismo incluido, reprimió con saña y lujo de violencia al pueblo de Atenco, el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y la Otra Campaña hace seis años. Tocará, pues, a los pueblos, organizaciones y movimientos de todo tipo hacer frente y resistir un sexenio en el que imperarán, por mencionar sólo tres elementos, la represión sistemática contra la disidencia más organizada, la continuación de una práctica económica lesiva para los más en beneficio de los bolsillos de los menos y la consolidación de un modelo educativo que tendrá en Elba Esther Gordillo y el duopolio televisivo de Televisa-TvAzteca sus exponentes por antonomasia.
No me llamo a engaño: quienes siempre dijimos que ganara quien ganara tendríamos que organizarnos porque en medio del table dance que significaron las campañas políticas la única certeza que teníamos era que ningun@ de l@s contendientes acotaría un modelo de producción económica de suyo criminal como el capitalismo y con ésa misma certeza acudimos a las urnas para anular nuestro voto, dejarlo en blanco o anotar el nombre de nuestras demandas en el recuadro de «candidatos no registrados», sabemos que más allá de la política del arriba está una política muy otra, del abajo y a la izquierda.
Hace seis años una campaña, con más cara de fascismo que de democracia, repetía hasta el cansancio que si no votábamos nos calláramos; hoy, a nuestra posición se le tildó de «voto inútil» porque el pragmatismo y los números, y no las ideas y los principios, suelen marcan el actuar de cuando se juega el juego de la política de arriba. No nos abstuvimos, votamos por lo que creíamos; sólo que nuestros sueños de por sí no estaban en sus urnas. Están en la construcción hombro con hombro de los pueblos indígenas en resistencia, en los movimientos sociales que no se dejan cooptar por los partidos políticos, en las organizaciones honestas de la sociedad civil, en l@s trabajadorxs que luchan por democratizar de raíz sus sindicatos, en quienes resisten con dignidad la expulsión económica de sus lugares de origen, en quienes enfrentan día con día el embate de empresas abrigadas en legislaciones que les permiten saquear y contaminar recursos naturales, en quienes hacen del arte y la cultura vasos comunicantes para fortalecer el multimentado tejido social que el capitalismo pulveriza, en quienes no olvidan a sus muert@s de muerte injusta y desaparecid@s ni lo perdonan.


