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25 junio 2014

Mexicanos al grito de: "¡Puto!"


Charles Itandje nació en Bobigny, Francia, mide 1.93 metros de altura y actualmente es el portero de la selección nacional de un país que al término de la Primera Guerra Mundial y luego de haber sido una colonia alemana se lo repartieron Francia y Gran Bretaña hasta 1960, año en el que alcanzó su independencia. En la Copa Mundial de la FIFA en Brasil recibió ocho goles, cuando escribí la primera versión de estas notas llevaba cinco y yo pensé que a lo sumo sólo recibiría dos o tres más. El 13 de junio de 2014, cada que hacía un despeje de balón, las y los hinchas mexicanos, con una inteligencia neandertal que hubiera sido una delicia para Elias Canetti, le gritaban a una sola voz: “¡Puto!”

La FIFA, asociación cuya voracidad está siendo probada en carne propia por quienes en Brasil aman el futbol pero no al costo que está significando el Mundial en sus tierras, se erigió en la Iglesia que tan lúcidamente desveló John Oliver en su programa “Last Week Tonight” y blandió una sanción económica a la Federación Mexicana de Futbol para dizque prohibir el grito que el grupo Molotov elevó a himno nacional. Existían otras sanciones, como partidos a puerta cerrada o expulsión del seleccionado, pero hubieran significado pérdidas millonarias para quienes aprobaron que los estados homofóbicos de Rusia y Qatar sean las sedes de la fiesta mundial del futbol en 2018 y 2022.

La prohibición de la cual FIFA terminó desistiéndose era, pues, además de insulsa, hipócrita; pero eso no significa una patente de corso para justificar lo injustificable: el cretinismo nacional que, parafraseando a Calderón, corre parejas con la más variada dotación de actos y expresiones de discriminación en México y responde a la doble moral de la FIFA con decenas de “memes” desatando la homofobia nuestra de cada día a manera de chistes a cual más estúpidos, de justificaciones infantiles como la de Héctor González Iñárritu diciendo que los brasileños le gritaron igual a San Paco Memo Ochoa o de historiografía de la infamia al afirmar que decir “puto” es una tradición tan añeja como la corrupción de nuestra clase política.

Dicen los que saben que el grito de marras se vinculó al futbol en un partido de las Chivas, yo creía que contra el América y, la verdad, no estaba tan alejado: fue el recibimiento que la porra del Guadalajara hiciera al guardameta Oswaldo Sánchez luego de haberse ido a jugar una temporada con su Némesis (ahora se entiende el porqué de su amor al Santos Laguna). Desde 1995, la Comisión Ciudadana Contra Crímenes de Odio por Homofobia ha llevado un registro de los homicidios cometidos en contra de personas homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales, travestis y transgénero; su registro arroja que Jalisco, cuya ciudad capital es Guadalajara, es la entidad federativa que se disputa con Michoacán y Yucatán el nada honroso cuarto lugar nacional en crímenes de odio por homofobia.

Para quienes siguen afirmando que el vocablo “puto” es inofensivo y no expresa discriminación, amantes de la idea de que México esté a la altura de las grandes potencias futbolísticas, pueden estar satisfechos: nuestra suave patria es subcampeona en crímenes de odio por homofobia, con alrededor de 900 casos; sólo le gana Brasil. Pueden agradecérselo prácticamente a todas las entidades del país cuyos hinchas, hombres y mujeres, gritaron a voz en cuello “¡puto!” durante el juego contra Croacia; especialmente al Distrito Federal, el Estado de México, Nuevo León, Jalisco, Michoacán, Yucatán, Veracruz, Tabasco, Chihuahua, Baja California Norte, Puebla, Colima, Guerrero, Tamaulipas, Chiapas y Quintana Roo, el top ten nacional (con varios empates) de la infamia que justifican.

Ríos de tinta y bytes han corrido por las planas y portales web de los medios impresos y digitales mexicanos escribiendo a favor y en contra del conato de prohibición con que la FIFA amagó a la FMF por el grito de marras; ante el desistimiento del organismo presidido por Joseph Blatter hay quien cree que el debate está zanjado y no es así. Si bien la prohibición, además de hipócrita era perniciosa, como todas las prohibiciones, la homofobia que se desveló y que está adquiriendo cartilla de naturalización en cada nuevo “¡puto!” que gritamos debería preocuparnos tanto o más cuando nos rasgamos las vestiduras por cada “Lady de Polanco” o “Gentleman de Las Lomas”.

No se trata de corrección política, ni de velada censura como hacen algunos congresos locales frente a los así llamados narcocorridos; se trata de discutir, señalar y dejar en evidencia a quienes hacen de la burla y el desprecio a la diferencia su modus operandi, pues, ello se traduce en vidas destruidas; además, bien mirado, como dijeran las y los zapatistas, todos somos iguales porque somos diferentes: en cada “puto” que gritamos hoy, gritamos también “indio”, “vieja”, “negro”, “chaparro”, “gordo”, “naco”, “retrasado”; y, detrás de cada uno de esos gritos, hay miles de insultos, golpizas y asesinatos de los que, al justificarlos, nos volvemos cómplices. Ahí lo dejo pa' que lo piensen.

05 febrero 2014

Esperando a Kuy.

La madrugada del 25 de enero de 2014, el dramaturgo, actor, director y maestro de teatro y cine Juan Francisco Kuykendall Leal falleció después de 421 días de luchar por su vida. Kuy, como le decimos sus familiares, amigos y compañeros de tablas y lucha, había sido herido el 1 de diciembre de 2012 por un agente de la Policía Federal que velaba por la seguridad de quienes se imponían en el poder tras el golpe mediático de Estado consumado ese mismo día con la toma de posesión de Enrique Peña Nieto como presidente de la República.

Las imágenes de lo ocurrido ese día a Kuy corrieron como pólvora por las llamadas redes sociales gracias al trabajo gráfico de fotoperiodistas de diversos medios de comunicación; pero, sobre todo, por un video grabado por Teodulfo Torres Soriano, mejor conocido como “El Tío”, quien acompañaba a Kuy la mañana de aquél ya famoso #1Dmx en el que el director del grupo de teatro Mitote y su actor habían ido a las inmediaciones del Congreso de la Unión para atestiguar de primera mano el desarrollo de las manifestaciones en contra de quien en 2006 había ordenado la feroz represión a sus compañeras y compañeros de lucha en San Salvador Atenco.

Kuy y “El Tío”, como el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), son adherentes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona emitida por el EZLN en junio de 2005 y, por esa vía, se articularon en la Otra Campaña desde lo que llamaron “La Otra Cultura” haciendo de dicho espacio, junto con otras y otros muchos, una de las unidades organizativas de trabajo más solidarias para con el FPDT y las y los presos políticos que para simplificar hemos llamado de Atenco, al grado que se mantuvieron hasta el final en los plantones frente a los penales donde estuvieron secuestrados nuestros compañeros y compañeras.

Así, pues, estar la mañana del 1 de diciembre de 2012 en San Lázaro era para Kuy y “El Tío” un mínimo acto de congruencia: entre quienes convocaron a esa jornada de resistencia estaban sus propios compañeros y compañeras del FPDT y un movimiento como el #YoSoy132 que se había gestado a partir de que 131 jóvenes universitarios habían decidido no olvidar la golpiza a centenares de hombres y mujeres, el asesinato de un joven y un adolescente, la tortura expresada en violación sexual de decenas de mujeres y las arbitrarias y violentas detenciones del 3 y 4 de mayo de 2006 en Atenco.

“El Tío” llegó a contar que esa mañana Kuy le iba platicando de su próximo proyecto teatral: una especie de farsa callejera cuyo personaje a denostar sería el heredero a la Silla del Águila por el grupo Atlacomulco; aún estaba por decidir si escribiría la obra desde ceros o se basaría en algún otro texto ya escrito, como hizo en los setenta cuando junto con el poeta Jaime Reyes adaptó Esperando al Zurdo de Clifford Odets para apoyar las huelgas de sindicatos mexicanos hace 40 años.

Una granada de gas lacrimógeno puso fin a la plática. Disparada de entre las vallas metálicas que fueron la punta de lanza de la represión orquestada para el #1Dmx tanto por Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto como presidentes saliente y entrante cuanto por Marcelo Ebrard y su delfín en la jefatura de gobierno del Distrito Federal: Miguel Ángel Mancera, la granada se impactó en la cabeza de Kuy provocándole una fractura craneoencefálica con exposición y pérdida de materia gris de la que ya no se recuperaría.

La prueba de que la granada fue disparada por un agente federal es el video que grabó “El Tío” mismo, quien, además, como se pudo observar en fotos que la prensa impresa y digital hizo públicas, recogió la granada que lesionó a su maestro; poco más de cien días después, 112 días para ser exactos, Teodulfo Torres Soriano, el testigo presencial estrella de la agresión que terminó quitándole la vida a Juan Francisco Kuykendall, sería desaparecido.

Existen razones suficientes para suponer que el de “El Tío” es un caso de desaparición forzada; en esto coinciden, por un lado, las y los compañeros de Teodulfo que al momento que escribo estas líneas llevan 320 días exigiendo su presentación con vida y, por otro lado, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal que por esa razón turnó el expediente a la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Sin embargo, el organismo que preside Raúl Plascencia Villanueva, que en el más infame de los tortuguismos apenas está por publicar su estudio de la represión ocurrida el #1Dmx, argumenta que si “El Tío” no se presenta como el autor del video donde se registra la agresión contra Kuy, la prueba que demostraría la comisión del delito por parte del Estado mexicano perdería su valor y sería desestimada en el juicio contra quien resulte responsable por el homicidio de Juan Francisco Kuykendall.

Kuy fue un hombre de teatro que concibió su oficio como una trinchera para dar voz a quienes en los márgenes y desde los márgenes luchan por un mundo nuevo y mejor; consecuente con su manera de pensar y sentir hizo de su actuación sobre la escena un reflejo de su actuación política y viceversa, de modo que distinguir dónde terminaba un actuar y dónde comenzaba el otro era simplemente imposible.

La ejecución extrajudicial de Kuy y la desaparición forzada de “El Tío” enmarcan, pues, un caso emblemático respecto al verdadero significado que representa el regreso del PRI a Los Pinos y su alianza con los supuestos partidos de oposición bajo el llamado “Pacto por México” donde las derechas e izquierdas de la clase política en el poder han quedado desveladas en su talante corrupto y represivo, dejando muy en claro qué entienden los poderes de jure y de facto que mal gobiernan este país cuando hablan de justicia y democracia.

Como muchas y muchos otros, yo esperaba, parafraseando a Odets, al Kuy; el esperpéntico aparato de “justicia” en México y quienes apostaron por un trato de desprecio y no de cuidados en las clínicas donde estuvo hospitalizado hasta completar la tarea que el policía federal del #1Dmx dejara inconclusa me pusieron, más bien, frente a una obra de título parecido escrita por Beckett, donde Kuy y “El Tío” hacen de Estragón y Vladimir.

Así, pues, por mí, mientras el homicidio en contra de Juan Francisco Kuykendall y la desaparición de Teodulfo Torres Soriano sigan sin castigo a sus autores intelectuales y materiales, pueden ahorrarse la basura demagógica con que nos saturan.

11 enero 2014

Cartas a Adis: 12 de enero.

Por: Sebastián Liera.

A lo mejor te preguntes por qué elegí esta fecha para intitular esta carta que te escribo y, sintiendo un poco de curiosidad, busques “12 de enero” vía san Google; si es así, encontrarás el artículo de Wikipedia que reza eso del duodécimo día del año en el calendario gregoriano, entre otras cosas; pero, lo que la autodenominada “enciclopedia libre” no te dirá es que hace 20 años, precisamente un 12 de enero, miles de hombres y mujeres salimos a las calles para exigir que se detuviera la masacre que de suyo estaba significando la persecución contra quienes con el nombre de Ejército Zapatista de Liberación Nacional le habían declarado la guerra al entonces jefe del poder Ejecutivo federal, el priísta Carlos Salinas de Gortari, y a las fuerzas armadas bajo su constitucional comandancia general.

Decirte que la informe y multimentada sociedad civil mexicana paró una guerra que según las estimaciones más conservadoras en menos de dos semanas ya costaba poco más de un centenar de vidas quizás no te signifique nada, sobre todo cuando 20 años después ves a tu país sumido en una tragedia que habiéndose cobrado cientos de miles de vidas no parece detenerse; pero tengo razones suficientes para afirmar que fue justo ése día, el 12 de enero de 1994, que nuestra suave patria comenzó a enfilarse hacia el rumbo que ha tomado y que lanzando la mirada de vuelta a ese punto podría encontrar la clave para regresar sobre sus propios pasos.

México, hijo, lo sabe hasta don Perogrullo, es muchos méxicos; pero, desde aquél 12 de enero, los méxicos que en México son pueden agruparse sobre todo en dos tipos de méxicos: el de los que tienen por ingredientes principales la represión, el despojo, la burla y la explotación capitalistas de quienes despachan en las gerencias general y departamentales que algunos todavía llaman gobiernos federal y estatales, y el de quienes han apostado por la resistencia y la rebeldía organizadas para tejer experiencias de libertad, justicia y democracia dignas.

Antes de la irrupción del EZLN, los méxicos que en México son, si bien tenían ambas opciones, parecían no tener más alternativa que inclinarse hacia la primera. El llamado neozapatismo descorrió el maquillaje de una nación que celebraba su entrada al llamado “primer mundo” luego de que el virrey neoliberal que despachaba en Los Pinos había conseguido que olvidáramos que iba desnudo y, entre otros trucos de magia y prestidigitación, decretado la inexistencia de decenas de pueblos indígenas cuyos hombres y cuyas mujeres sobrevivían y sobreviven en la más vergonzosa de las miserias.

En medio de la líquida promulgación del fin de la historia, se escucharon fuerte y claro las voces y los pasos de quienes con solidez gritaron un “¡Ya Basta!” que hizo de la posmoderna embriaguez del libre mercado la cruda barroca de la modernidad capitalista salvaje; así que la respuesta del virrey, reducido a lo que en verdad era: gerente del México, S.A., fue ordenar el envío de helicópteros y tanquetas que bombardearon y destruyeron todo lo que pudieron a su paso. Por eso se hizo necesario, m’ijo, que saliéramos a las calles y con aquello de “¡No están solos!” y eso otro de “¡Chiapas no es cuartel, fuera ejército de él!” detuviéramos la primera sangría.

Éramos gente buena y honesta que reconocimos que la demanda del EZLN de un nuevo pacto nacional que incluyera a los pueblos indígenas era justa; no obstante, al tiempo que le exigimos al gerente de la política ficción nacional que parara la masacre, le demandamos al zapatismo que apostara por la vía política y pacífica en vez de la vía armada. El salinato nos respondió con la promesa de una serie de reformas que garantizarían dicho pacto, el zapatismo asegurando que no dispararía una sola bala más; en consecuencia, nosotras y nosotros dimos nuestra palabra de luchar por una democracia, una libertad y una justicia dignas y verdaderas para los méxicos que en estas tierras somos.

Muchos han sido y serán los errores achacables al zapatismo, hijo; pero en 20 años sus mujeres y sus hombres, que nos dieron título de Señora Sociedad Civil, no han cejado en sus intentos de construir experiencias organizativas que buscan garantizar no sólo una vida digna a sus propios pueblos, sino a las y los mexicanos todos; en cambio, el salinato, que nos redujo a asociaciones civiles asistencialistas, continuó con el desprecio, la persecución, la amenaza, el secuestro, el asesinato, la desaparición y el robo y no ceja en su intento de hacer pedazos al país todo.

El zapatismo cumplió a carta cabal su palabra y el salinato no; pero, de algún modo, desde la llamada sociedad civil ya sabíamos que eso ocurriría. Lo trágico de todo esto es que fuimos precisamente la mayoría de esa sociedad civil la que tampoco cumplimos y, hoy, en lugar de parar la guerra como lo hicimos el 12 de enero de hace 20 años, conforme hemos ido traicionando la palabra que empeñamos es la guerra la que nos ha ido parando a nosotras y a nosotros.

03 septiembre 2013

La fiesta brava de una contrarreforma educativa aprobada de panzazo.

Hacia finales del siglo pasado, en mitad de una charla con las y los integrantes del grupo de teatro Ser Undocumented de la Universidad de California (UCLA), quienes habían visitado el estado de Morelos para tener una residencia artística con quienes entonces éramos parte del Grupo Cultural Zero dirigido por Eduardo López Martínez, salió a colación que ambos colectivos habíamos llevado a cabo sendas prácticas escénicas con un detalle en común: el uso de la corrida de toros como metáfora de la relación de dominación entre las clases dominantes y dominadas. En la performance de Ser Undocumented, el torero era la Estatua de la Libertad y el toro un migrante; en nuestro sketch de carpa callejera, el torero era un patrón y el toro un trabajador.

Quince años después, no puedo evitar pensar en la misma metáfora después del linchamiento mediático de que han sido diana las y los maestros que se manifiestan en contra de las llamadas “reformas estructurales”, especialmente las que significan una contrarreforma en términos educativos y laborales, y, sobre todo, después de la represión orquestada entre los desgobiernos federal y de la ciudad de México el pasado 1 de septiembre: el #1Smx. Sin embargo, lejos de suponer que el toro son las y los profes que una vez más salen a la calle para, como ellas y ellos dicen, dar lección de dignidad, el toro es la así llamada sociedad civil o, en su defecto, la ciudadanía.

En cuanto a la así nombrada fiesta brava, soy oriundo de Villamelón; no obstante, creo entender que cuando el torero cita al toro para que éste lo embista se dice que echa mano del engaño; el engaño, según entiendo, suele ser el capote o, posteriormente, la muleta y con éste se consigue que el astado entre a la jurisdicción del diestro las más de las veces humillado. A principios de 2012, Mexicanos Primero, cofundada y presidida por uno de los también cofundadores de Fundación Televisa, Claudio X. González Guajardo, citó a la sociedad civil para que ésta entrara en su jurisdicción y como engaño empleó un largometraje documental dirigido por Juan Carlos Rulfo y Carlos Loret de Mola: ¡De panzazo!

La película, con guión del mismo Loret de Mola, se erigía paladín a favor de una educación de excelencia y, por ende, lanzaba luz sobre una verdad incuestionable: la deficiencia de nuestro modelo educativo; solo que enfocaba sus baterías aparentemente críticas y supuestamente objetivas en contra de las y los maestros y se cuidaba de no decir absolutamente nada del papel de alienación y sujeción que Televisa, empresa de la que González Guajardo fue vicepresidente  corporativo, ha jugado a favor de ésa misma deficiencia desde que “El Tigre” Azcárraga Milmo reconoció ser “un soldado del PRI”.

Para que ¡De panzazo! calara hondo en el ánimo ciudadano aprovechó el caldo de cultivo que prevalecía por la justa indignación tras la proyección, tres años atrás, de Presunto culpable, segundo documental del abogado Roberto Hernández con producción suya y de su esposa, la también abogada Layda Negrete, desvelando para quienes no suelen ver las uñas sucias de la miseria (Benedetti dixit) la podredumbre del aparato de justicia en México. Hoy por hoy, el linchamiento que iniciara con ¡De panzazo! el virtual secretario de educación de facto peñanietista, mientras el titular de jure debe estar echándose unos chincholes como cuando la firma de los Acuerdos de San Andrés, ya rindió sus frutos.

Para decirlo con Gramsci, esto se llama hegemonía cultural de la clase dominante: cuando “los propios intereses corporativos (…) superan los límites de la corporación de un grupo puramente económico y [se convierten] en los intereses de otros grupos subordinados”, se alcanza la fase más estrictamente política de la hegemonía; hegemonía que “no puede dejar de ser también económica [pues] no puede no tener su fundamento en la función decisiva que el grupo dirigente ejerce en el núcleo decisivo de la actividad económica”.

¡De panzazo! fue para Mexicanos Primero el capote con el cual la clase dominante de este país metió a la informe sociedad civil, vuelta toro, al engaño de los intereses corporativos de sus productores, los mismos que desde los medios de “información” capitalista se aliaron con lo peor de la clase política para ocupar la Presidencia de la República, hasta hacer que su hipócrita discurso por una calidad educativa, bajo las directrices neoliberales de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), sirviera de ariete en la descalificación a ultranza de las y los trabajadores de la educación articulados en la CNTE y se volviera hegemónico.

La faena continúa y las y los cómplices de González Guajardo en el poder Legislativo hacen lo propio cual obediente y leal cuadrilla, aprobando las “reformas estructurales” en materia laboral y de educación que, abrigado por las Fuerzas Armadas, su cómplice (acaso su títere) en el Ejecutivo defendió de nuevo el pasado 1 de septiembre; claro que, como se dice desde unas escuelitas muy otras, zapatistas para mayor muina de algunos González y no pocos Guajardo, falta lo que falta.

23 julio 2013

Enrique Ballesté en la ESAY.

(Publicado en su versión reducida en Milenio-Novedades de Yucatán, el 23 de julio de 2013).

Hace 40 años, el dramaturgo Héctor Azar dirigía los destinos del teatro que se hacía con recursos públicos tanto en el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) cuanto en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y, desde ése su coto de poder, censuró por la vía de imponer trabas administrativas de todo tipo la puesta en escena que estudiantes del Departamento de Arte Dramático de la Facultad de Filosofía y Letras de la misma UNAM habían llevado a cabo a partir de El canto del fantoche lusitano, original de Peter Weiss, con la dirección del venezolano Carlos Giménez.

La cerrazón de Azar, que incluyó la expulsión del país de Giménez, propició que las y los estudiantes llamaran a la toma del foro que burda y sistemáticamente se les había negado, el Foro Isabelino, y con ello fundaran un movimiento teatral independiente que tuvo como punto nodal la creación del Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística (CLETA). Enrique Ballesté, también estudiante universitario, había hecho la música para la puesta en escena de la obra de Weiss dirigida por Giménez y, para ser consecuente con aquello de «hacer cultura con el pueblo» (Primer Informe Crítico de CLETA-UNAM, agosto de 1973), fundó el grupo Zumbón y junto con sus cómplices de tablas dejó la selva de asfalto chilanga para emprender un trabajo de creación colectiva en pueblos indígenas de Yucatán.

De esa época, 1975, son La familia chumada y La junta nacional de ratones, dos montajes de creación colectiva que fueron determinantes en la praxis estética del Zumbón; una metodología de trabajo que, a decir de Felipe Galván, «dejó un aprendizaje de enorme originalidad que poco se conoce y, por ende, poco se ha estudiado» (Paso de Gato No. 52, 2013). En mi nota anterior, Puente Alto de Enrique Balleste. Notas genealógicas, cito a Galván:
«Durante su estancia yucateca y en trabajo directo con poblaciones indígenas, se encontraron con el problema de la comunicación, pues los integrantes del Zumbón realizaban su trabajo en español chilango y diversas comunidades no los entendían en absoluto. Después de plantearse el problema decidieron desarrollar una propuesta teatral sin palabras, que abordara uno de los problemas de la sociedad a la que iba dirigida el trabajo.»
Trece años más tarde, de regreso en la ciudad de México, Ballesté escribió Puente Alto, obra que con todo y que fue galardonada con el Premio Bellas Artes Mexicali de Dramaturgia en 1988 no se había llevado a las tablas en los 25 años que tiene de haber sido escrita; en ella, el compositor de canciones como Jugar a la vida o Yo pienso que a mi pueblo, referentes en sí mismas de su propia generación, da vida a un personaje que seguramente se gestó en la experiencia teatral en Yucatán: Doña Chita; un personaje que según nota del mismo Ballesté «para comunicarse con los demás usa la expresión corporal, la pantomima y el teatro mudo, [un] teatro que basa su lenguaje en las señas y gestos que normalmente utilizamos cuando nuestros interlocutores se hallan lejos y no escuchan nuestra voz.»

Justamente con Puente Alto es que la palabra de Enrique Ballesté vuelve a estas tierras de la mano del maestro José Ramón Enríquez como antes lo hiciera con la tierna complicidad del maestro Paco Marín en Mínimo quiere saber, y lo hace con una generación de jóvenes estudiantes de la Escuela Superior de Artes de Yucatán (ESAY) que en Puente Altoprimera práctica escénica que, junto con Entre las holoturias de la maestra Elena Novelo, bajo la dirección del maestro Tomás Ceballos, y el auto sacramental La vida es sueño de Calderón de la Barca, con la dirección del maestro Miguel Ángel Canto, la ESAY produce bajo el nuevo mapa curricular de su Licenciatura en Teatro donde se ha incluido para el séptimo semestre el curso de «Actuación: Teatro y Sociedad» con el objetivo de que sus estudiantes reconozcan al teatro como una fuerza de transformación social.

[Para leer la nota completa, cliquea aquí.]

05 mayo 2013

Atenco, el otro cinco de mayo.



Sebastián Liera.

Han pasado siete años, unos 2 mil 557 días con todo y sus noches; aún así, el tufo a impunidad que se respiraba en el aire aquella mañana del 5 de mayo de 2006 persiste en su intención de dejarnos claro “quien manda aquí”. Aunque no muy bien lo consigue.

Sí, hablo de la mañana del 5 de mayo. Sé que, cuando se habla de la lucha del pueblo de Atenco otras fechas saltan a la memoria; en estos días, justamente, recordamos el 3 y el 4 de mayo de ése mismo 2006. Pero yo hablo del 5 de mayo, de un otro 5 de mayo.

No del 11 de julio de 2002, cuando al menos un millar de elementos de la Fuerza de Acción y Reacción Inmediata (FARI) mexiquense se enfrentaron contra unos cien ejidatarios del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) que resistían la intentona gubernamental foxista de expropiar sus tierras, a razón de 7 pesos el metro cuadrado, para construir un aeropuerto alterno al de la Ciudad de México; lo que dio por resultado decenas de detenidos y heridos, así como la muerte, dos semanas después, de José Enrique Espinoza Juárez.

Ni, mucho menos, del 7 de marzo de 2006, cuando el candidato panista a la Presidencia de la República, Felipe Calderón, también conocido como Felipe Franco Pinochet, declaraba arrogante su intención de reintentar el despojo que su predecesor no pudo llevar a cabo cuatro años atrás: “que sean los expertos y no los machetes los que determinen la construcción [del aeropuerto metropolitano]”. Tampoco del 21 de abril, un día después del ataque de policías y ganaderos en contra de horticultores y floricultores del Mercado Belisario Domínguez, donde también fueron golpeadas y golpeados decenas de mujeres y ancianos.

Ni de la madrugada del 3 de mayo del mismo año, cuando, tras una mesa de diálogo con “autoridades” del ayuntamiento perredista de Texcoco que en la víspera habían asegurado el permiso para la venta de sus flores ése día de la Santa Cruz en el mercado municipal, las y los floricultores serían desalojados con lujo de violencia; telón de boca que daría paso a los enfrentamientos en la carretera federal Texcoco-Lechería cuyas imágenes le darían la vuelta al mundo en 80 kilobytes, convirtiéndose en un muestrario cada vez menos extraño de la insensatez y la estulticia gubernamentales y de los medios electrónicos de dizque comunicación en México.

Es más, ni siquiera de aquella dolorosa mañana del 4 de mayo en que, azuzados mediáticamente y con la venia del enano político que unos meses después arribaría al poder por causa y efecto de un fraude electoral, los funcionarios disfuncionales de los gobiernos del Estado de México, priísta, y de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal, panista, iniciaron el operativo de represalia con que se cobraron la herida recibida en su orgullo de militares vestidos de policías el día anterior, arrasando con todo y contra todos en Atenco. Todavía recuerdo, como si hubiera sido ayer, el timbre del teléfono sonando durante horas hasta convertirse en una copia barata de las trompetas que supuestamente harán sonar los ángeles del Apocalipsis, dejando escurrir las cifras de cientos de compañeras y compañeros de la entonces Otra Campaña perseguid@s, arrestad@s, golpead@s, secuestrad@s y torturad@s con agresiones físicas, verbales, psicológicas y violaciones sexuales a manos de quienes se dicen “guardianes del orden”.

No, prefiero hablar de la mañana del 5 de mayo de 2006; ésa en la que el país amaneció siendo uno muy otro. Los enfrentamientos de las últimas 48 horas; las detenciones, entre otros, de Ignacio del Valle y el asesinato del casi niño Javier Cortés Santiago el día 3; así como los allanamientos y detenciones ilegales, ejemplares en su bestialidad, del día 4; habían cerrado la puerta al México que en 1997 y 2000 celebraba, con los triunfos de la oposición en la Ciudad de México y el Gobierno federal, respectivamente, la supuesta entrada a la lista de los países democráticos del planeta tras la expulsión del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de Los Pinos. Sin embargo, los hechos, que como siempre suelen ser más testarudos que los dichos, terminaron por mostrar en toda su crudeza la calaña de quienes por un lado del espectro político, bajo las siglas del Partido Acción Nacional (PAN), se habían autoproclamado los paladines del progreso y la democracia a lo largo de 67 años, y de quienes por el otro, con el nombre de Partido de la Revolución Democrática (PRD), se jactaban de representar desde 1989 lo más granado de la izquierda partidista: resultaron tan antidemocráticos y represivos como la triste y largamente célebre “dictadura perfecta” (Vargas Llosa, dixit) del PRI.

La brutalidad manifestada en San Salvador Atenco había puesto a cada quien en su lugar: el candidato del PRI, famoso por hacer fraudes hasta en maratones internacionales, felicitó al gobernador de su partido en el Estado de México, Enrique Peña Nieto, por la violenta solución; el del PAN defendió el revanchismo del gobierno federal blanquiazul y dijo que de estar en semejante situación él hubiera hecho lo mismo, y el del PRD, más preocupado por los 10 puntos que decía llevar de ventaja en las encuestas, apenas alcanzó a condenar la violencia “viniera de quien viniera”, pero ya no pudo, quizás porque no quiso, señalar siquiera la protagonizada por el alcalde texcocano, de su propio partido, en contra del FPDT: “no tenemos nada que ver en este asunto, en este conflicto. Éste es un grupo que ha manifestado no estar de acuerdo con nosotros”.

A tono con las voces cantantes del circo electoral, esa mañana los grandes electores: los medios de comunicación, se dieron a la tarea de denostar al FPDT, a la Otra Campaña, al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y a su jefe militar y vocero: el subcomandante Marcos; adherentes todos de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, emitida en junio de 2005 por la organización insurgente. En la mayoría de los programas de radio, los noticieros de las dos cadenas de televisión que tienen acaparado el espectro radioeléctrico y la prensa escrita se daba cuenta de la “valentía” y coordinación con que los soldados disfrazados de agentes estatales y federales de seguridad pública habían “recuperado el control” de la plaza, “liberado” a los “policías” retenidos la noche del 3 de mayo y garantizado la “vuelta de la paz y el orden”: habían hablado los expertos, como quería Calderón (y lo seguirían haciendo a lo largo de su criminal sexenio de la muerte) no los machetes.

El diario La Jornada, que se había mantenido relativamente distante de la Otra Campaña debido a los señalamientos que el zapatismo le ha hecho al lopezobradorismo, salvo por la cobertura que hasta la fecha hacen Hermann Bellinghausen y Gloria Muñoz Ramírez, se comprometió mucho más y dio muestras de que “valentía”, que “recuperación del control”, que “liberación de policías” y que “regreso de la paz y el orden” se trataba: toletiza al trabajador jubilado telefonista Jorge Salinas; vejación a una mujer indígena, que después supimos era doña Magdalena García; cateos sin orden judicial y destrozos en bienes inmuebles; secuestro, más que arresto, de 218 hombres y mujeres, la mayoría de ellas, 30 de 47, violadas sexualmente como método de tortura; la fractura craneal con exposición de masa encefálica de Alexis Benhumea, causada por el impacto de una lata de gas lacrimógeno (igual a la sufrida seis años después por Juan Francisco Kuykendall Leal), que luego la causaría la muerte porque los militares impidieron la llegada de una ambulancia y detuvieron al médico que pretendió ayudarlo, o la detención y posterior expulsión de las españolas María Sostres y Cristina Valls, la alemana Samanta Dietmar, la chilena Valentina Palma y el chileno Mario Aguirre.

También ésa mañana, el matutino Detrás de la Noticia, conducido por Ricardo Rocha, difundía las declaraciones del excomisionado de la ASE, el vicealmirante Wilfrido Robledo Madrid, quien estando al frente de la PFP tuvo que renunciar por acusaciones de malversación de fondos y uso indebido de atribuciones y facultades, de que sus fuerzas no abandonarían San Salvador Atenco sino hasta “garantizar que la paz quedara totalmente reestablecida”. El capitán de fragata José Antonio Villanueva Lira, jefe de la subsección del servicio militar nacional de la Armada de México, no se quedaría atrás: ése mismo día manifestaría en el marco de la ceremonia de jura de bandera de 150 jóvenes conscriptos que “los recientes acontecimientos de violencia y enfrentamiento entre actores sociales y autoridades del gobierno son hechos aislados de gente protagonista que quiere figurar en los escenarios políticos y sociales” y, tras morderse la lengua, como luego se dice, aseguró que los jóvenes preparados en la Armada “estarían listos” de ser requeridos por el Estado mexicano. ¡Oh, sempiterno 5 de mayo que convocas a que las armas de la Patria quieran vestirse de gloria!.. aunque sea reprimiendo movimientos sociales.

Así, cual paráfrasis de aquél 5 de mayo de 1862 en que las tropas invasoras francesas y los conservadores mexicanos que las apoyaban eran derrotadas por los liberales al mando de Ignacio Zaragoza en la Heroica, después Preciosa, Puebla, los bandos se habían establecido claramente: de un lado, el de los invasores, las fuerzas armadas estatales y federales priístas y panistas, defensoras del derecho neoliberal de despojar tierras a comunidades y pueblos, la mayoría de los medios de comunicación extendiendo sus tentáculos y mostrando sus pulgares hacia abajo y los candidatos a la Presidencia, ya felicitando, ya guardando un silencio cómplice; del otro, los herederos de Numancia: las y los pobladores de San Salvador Atenco, el FPDT, las y los adherentes de la Otra Campaña que cumplían el primero de cientos de días presas y presos sin prueba de delito alguno, y los cientos al principio y después miles de adherentes que ése mismo día nos alistábamos para recuperar, nosotros sí, Atenco.

La tarde del 5 de mayo de 2006, la marcha encabezada por el delegado zero de la Comisión Sexta del EZLN, el subcomandante Marcos, y los contingentes de estudiantes de la UACh, el IPN, la UNAM y la UAM, llegaba al zócalo de Texcoco sumando poco más de 4 mil personas, el doble de quienes habíamos salido de Chapingo; cuando llegamos a la entrada de San Salvador Atenco, unos minutos antes de que comenzara a oscurecer, éramos ya unas 7 mil personas esperando, sin más armas que la razón y la dignidad, el encontronazo con los agentes de la ASE y la PFP quienes, a decir de Robledo Madrid, no se retirarían de Atenco sino hasta el 6 ó 7 de mayo; pero, cuando la marcha llegó a la plaza de armas, frente a la Casa de Cultura donde decenas de compañeras y compañeros como la enfermera Edith Rosales fueron golpeados y detenidos, no se veía ni un solo militar, ni siquiera a la policía municipal.

Poco más de tres horas duró el recorrido que terminó con un mitin frente al Auditorio Emiliano Zapata y que se vio coronado por los comunicados de Gloria Arenas, otrora detenida en el penal de Chiconautla, Ecatepec, y de América del Valle, a quien las policías estatales y federales buscaban hasta por debajo de las piedras. La cereza en el pastel la pondría Marcos al mostrar algunos cartuchos calibre .38, vacíos unos, sin percutir otros; “si revisan –invitaba el delegado zero- verán que son de la misma marca y el mismo calibre que usa la policía del Estado de México”. Como respuesta, el grito de “¡Asesinos! ¡Asesinos!” se iría haciendo unánime hasta retumbar en el centro de Atenco.

En la legislación mexicana se considera un delito incitar a la rebelión y a la desestabilización del Estado y sus instituciones. Por lo tanto, el perredista Nazario Gutiérrez Martínez, alcalde de Texcoco; los priístas Enrique Peña Nieto y Humberto Benítez Treviño, gobernador y secretario de Gobierno del Estado de México; el panista Vicente Fox Quezada, expresidente de México; los señores Roberto Madrazo, Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, excandidatos presidenciales del PRI, PAN y PRD; los militares Wilfrido Robledo Madrid y Ardelio Vargas Fosado, entonces mandos superiores de la ASE mexiquense y la PFP; el abogado Eduardo Medina-Mora Icaza, extitular de la SSP federal y posteriormente, premiado por el gobierno (sic) calderonista, procurador General de Justicia, y, finalmente, los empresarios Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego, dueños de Televisa y TvAzteca, respectivamente, junto con los conductores y conductoras de sus noticieros, son responsables de instar a la desestabilización del Estado y sus instituciones: al no cumplir su palabra empeñada en las mesas de diálogo con floricultores de Texcoco e integrantes del FPDT; al insistir en despojar a los pueblos aglutinados en el FPDT de sus tierras, en nombre de proyectos que velan por las ganancias de los particulares por encima del derecho colectivo de las comunidades; al saludar el uso gubernamental de la violencia o bien guardar silencio por ello siendo líderes de opinión en sus partidos, dando así un espaldarazo a la impunidad; al dar carta abierta a sus subalternos para que cometieran toda la gama de atropellos que desearan, incluyendo la violación sexual contra mujeres como botín de guerra; al echar mano de los aparatos de justicia para condenar hasta por más de 67 años de prisión a luchadores sociales, como represalia política; al emplear concesiones del espectro radioeléctrico para fustigar a las fuerzas armadas en el uso de la violencia en contra de los movimientos sociales, y al no dejar a los pueblos y comunidades otra salida que la rebelión, como medida de defensa frente a un gobierno que desde todos sus niveles y poderes apuesta por la razón de la fuerza porque carece de la fuerza de la razón.

Siete años después, los asesinatos y las violaciones siguen impunes, sólo uno de los agentes que intervinieron en los atropellos fue consignado (para salir más tarde libre debido a que se consideró que su falta era menor), la mayoría de los funcionarios públicos continuaron en sus cargos y los que no, o renunciaron librándose de acusaciones en su contra, o fueron premiados por el gobierno de facto panista, el cual, dicho sea de paso, volvió a proponer la construcción del aeropuerto en Texcoco con el beneplácito del otrora gobernador priísta del Estado de México, hoy presidente de la República, y el ex-jefe de gobierno perredista de la ciudad de México. Mientras tanto, poco a poco, y gracias al oficio de sus incansables abogados, las y los luchadores sociales detenidos en Atenco el 4 de mayo fueron saliendo de prisión.

Dicen que la fortaleza y la dignidad de un movimiento se expresa en la respuesta que éste da cuando es reprimido y las y los suyos son golpeados. La Otra Campaña, ahora La Sexta, que durante 2006 fue vista por tirios y troyanos como los grandes aguafiestas del circo electoral, aunque sin poder real para impedir la sucesión de acontecimientos que dieron patente de corso a la burla de la voluntad popular expresada en las urnas porque su proyecto de nación parte de la construcción de otras formas de hacer política, no dudó en responder en la medida de sus fuerzas al llamado que la lucha les hacía: fueron a Chapingo y de allí a Atenco la noche del 3 de mayo para ser vejadas y vejados al día siguiente y seguir secuestrados por el poder todos estos meses; marcharon desarmadas, desarmados, ante lo que parecía el enésimo episodio de aquél acto bárbaro de represión; organizaron un sin de manifestaciones y mesas redondas para exigir la liberación de sus compañeras y compañeros; se mantuvieron en plantones afuera de los penales en que aquestos estuvieron secuestrados e interpusieron una y otra vez demandas de amparo que pusieran fin al rapto de Estado, y siguen exigiendo justicia en cortes internacionales, sumándose a movimientos consecuentes en su lucha contra el poder y echando mano de los medios de comunicación alternativa para levantar la voz y hacerla resonar en otras partes del planeta.

Es verdad, la respuesta por parte de las y los adherentes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona no ha sido uniforme ni, mucho menos, masiva; pero ése 5 de mayo demostraron que ellas y ellos no serían como quienes diciéndose de izquierdas pactan con el poder, se toman fotos con los represores, se vuelven amigos de los despojadores y guardan silencio ante la masacre; traicionando la memoria de los más de 500 compañeros suyos asesinados por los mismos con que ahora andan, comen y brindan, destrozándose cuales buitres, por tener un asiento en la mesa del poder.

20 abril 2013

#LibertadPatishtán


(Versión corta: Milenio-Novedades, 16 de abril de 2013. Versión larga: La Jornada Morelos, 19 de abril de 2013).

Por: Sebastián Liera.

Del 1 al 7 de abril, el Colectivo escénico El Sótano llevó a cabo, desde la plataforma logística y operativa de Tapanco Centro Cultural, en la ciudad de Mérida, Yucatán, México, la segunda edición de lo que han bautizado como Encuentro Inter-escénico; un espacio convivial (Jorge Dubatti dixit) en el que participaron, por llamarles de algún modo, creadorxs, investigadorxs y espectadorxs provenientes de Colombia, Brasil, Argentina, Ecuador, España y diversos puntos de la así llamada República mexicana.

El Encuentro, caracterizado por las tres columnas vertebrales en que El Sótano aborda su quehacer y reflexión escénicas: lo pedagógico, lo académico y lo estético, fue clausurado con la doble participación de Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe mediante una charla-conferencia sobre su trayectoria como artivistas y la presentación-representación de El Sexto Sol, espectáculo cuyos pre-textos son el Popol Vuh y Una vieja historia de la mierda, de Alfredo López Austin.

En México, la relación entre creadorxs artísticos y trabajadorxs de la cultura, por un lado, y el Estado en su carácter de ogro filantrópico como lo desvela Octavio Paz, por el otro, siempre me ha parecido fascinante y repulsiva a un mismo tiempo, adquiriendo a veces dimensiones que rayan en el esperpento; así las cosas, no es extraño ver a miembros de la informe “comunidad artística” que han colaborado con los regímenes caciquiles más autoritarios apropiándose de discursos políticos radicales para terminar descafeinándolos.

La clausura del Encuentro Inter-escénico de El Sótano me pareció, en relación con lo dicho líneas arriba, un excelente botón de muestra: era delicioso (el uso del adjetivo puede tener algo de ironía) escuchar los aplausos y los gritos de “¡bravo!” de espectadores en su mayoría priístas, mientras Jesusa y Liliana blandían alusiones contra el régimen que le hacían, a ése público, lo mismo que lo que el viento a Juárez.

No obstante, en un momento dado, Liliana se puso de pie y mostró la playera que llevaba puesta; al centro, el rostro en serigrafía de Alberto Patishtán Gómez sirvió de pauta para llamar la atención del respetable sobre el caso del profesor indígena bilingüe que este 19 de abril cumple sus 42 años de vida injustamente preso en el Centro Estatal de Reinserción Social de Sentenciados No. 5, en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.

Actualmente, el profe Patishtán es integrante de La Voz del Amate, colectivo de presos políticos adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del EZLN; pero, en 2000, año en que fue apresado, juzgado y sentenciado, era priísta y, según Hermann Bellinghausen (La Jornada, 24/03/2013), tenía una jefatura magisterial y organizaba una sociedad productiva oficialista con apoyo de distintos barrios del igualmente oficial ayuntamiento de El Bosque.

Fue Rosemberg Gómez Pérez, hijo del entonces alcalde priísta Manuel Gómez Ruiz, quien lo señaló como uno de los atacantes que la mañana del 12 de junio de 2000 emboscaron a un grupo de policías municipales y de Seguridad Pública en el paraje Las Lagunas de la comunidad Las Limas, municipio de El Bosque, dando muerte a siete de ellos; Rosemberg Gómez, junto con el policía Belisario Gómez Pérez, había logrado sobrevivir gracias a que los cadáveres de sus acompañantes quedaron encima de él.

La mañana del atentado, el profe Patishtán tuvo una reunión con padres de familia en Huitiupán, donde trabajaba; no pudo haber participado en el crimen por el que está preso desde hace más de 12 años. Sin embargo, Rosemberg Gómez ratificó la denuncia contra quien además es su primo. Podemos suponer que lo hizo a cambio de la camioneta nueva que ganó por perjurio; pero la respuesta puede estar también en el calendario unos días antes: Patishtán había marchado a la capital del estado en compañía de un grupo de indígenas para presentar una serie de documentos que demostraban la corrupción imperante en la administración de Gómez Ruiz: Rosemberg buscó, pues, neutralizar a quien fuera el principal crítico opositor de su padre, de cara a las elecciones de 2000.

Casi 13 años después, al determinar que la presunta secuestradora Florence Cassez debía ser liberada por ausencia de debido proceso e inconsistencias en las declaraciones de los testigos que la señalaban como cómplice de la banda Los Zodiaco, la Suprema Corte de Justicia de la Nación abrió la puerta para que Patishtán pudiera alcanzar su libertad, pues, su caso se caracteriza igual por la ausencia de debido proceso al habérsele detenido sin orden de aprehensión y obligado a rendir declaración sin abogado defensor ni traductor; más aún, a diferencia de Cassez, las pruebas que han demostrado su inocencia y la inconsistencia de las declaraciones en su contra son abrumadoras.

Los priístas que aplaudieron a rabiar a Jesusa y Liliana suelen considerarse tanto herederos de Felipe Carrillo Puerto, el emblemático ex gobernador autor de aquella frase que aún hoy marca la paternalista relación entre el Estado mexicano y los pueblos indios de este país: “No abandonéis a mis indios”, cuanto guardianes de la infame memoria que honra a los Montejo, los criminales colonizadores cuyas masacres fueron la piedra de toque para la fundación de la Blanca Mérida.

Una pregunta retórica asalta el teclado: ¿será que los del tricolor club de fans de Jesusa y Liliana moverán siquiera un dedo para exigir la liberación de un indígena tzotzil al que no se le ha podido comprobar nada en los 13 años que lleva resistiendo las lesivas prácticas legaloides de una justicia que será ciega pero bien que siente lo que agarra?

09 noviembre 2012

Theatre Uncut/Teatro sin recortes.


La mañana del 12 de mayo de 2010, después de una apretada jornada electoral en la cual las y los británicos dieron el triunfo al conservador David Cameron para ocupar el puesto de primer ministro tras la dimisión del laborista Gordon Brown, el Reino Unido amaneció con la noticia de que sus destinos hasta 2015 estarían en manos de un gobierno de coalición donde Cameron tendría como vice primer ministro al liberal-demócrata Nick Clegg. Cinco meses después, su ministro de Economía, el también conservador George Osborne, anunció que para evitar el naufragio de las finanzas inglesas del mismo modo que sucedía con las de Grecia, España, Portugal o Irlanda tendría que recortarse el gasto público hasta en 83 mil millones de libras, algo así como 94 mil millones de euros; uno de los ministerios más afectados sería el de Cultura, con hasta un 41 por ciento de recorte, mientras a Defensa y Policía se les reducía en un 8 y un 4 por ciento respectivamente.

Agrupaciones como la Royal Shakespeare Company, que recién acababa de inaugurar su entonces nueva sede con un costo de 113 millones de euros; la Old Vic Theatre Company, con una subvención de más de 5 millones de euros por parte del Bristol Arts Council, o el Royal National Theatre, que recientemente había conseguido la aprobación para realizar una renovación de 70 millones de euros en su sede de South Bank Riverwalk, parecían sentirse afectadas por los recortes “más [en lo] psicológico que [en lo] táctico”, como diría David Lan, director artístico del Young Vic Theatre. Sin embargo, Hannah Price y un conjunto de colegas profesionales también de las artes escénicas, coincidían más bien con los estudiantes que salieron a las calles ante el anuncio de que se aumentarían las tasas de matrícula a 9 mil libras por año y se retiraría el financiamiento público para la enseñanza universitaria en varios rubros, y decidieron echar a andar un proyecto que sirviera de caja de resonancia para decir su propio “NO” a los brutales recortes que recordaban los tiempos de la Thatcher en la década de los 80’s.

En marzo de 2011, aún antes de que los sindicatos tomaran las calles en medio de un letargo que sólo puede explicarse por lo que Tariq Ali llamó “sufrir de burocracia petrificada” y haber “interiorizado totalmente la receta neoliberal”, nació Theatre Uncut (Teatro sin recortes) con el lanzamiento de una recopilación de obras de destacados dramaturgos ingleses que estuvieron disponibles de manera gratuita entre los días 13 y 19 de ése mismo mes para que quien quisiera pudiera descargarlas de la página web del proyecto y realizar con ellas montajes y lecturas a lo largo y ancho de todo el país. Alrededor de 80 grupos en el Reino Unido y ciudades como Nueva York, Chicago, Berlín y Dublín convocaron a más de 800 profesionales que llegaron a una audiencia de más de 3 mil espectadores.

Para este año, Hannah Price, con la complicidad de Emma Callander en la dirección artística y Sarah Brocklehurst en la producción, ha asumido un reto mayor: buscar escritores que viven en países con una situación política y económica especialmente complicada para responder, desde su propia perspectiva, a la crisis estructural en que nos ha sumido al modo de producción capitalista. De esta suerte, entre el 12 y el 18 de noviembre de 2012, el Theatre Uncut será el marco para que toda aquella y todo aquél que quiera y pueda aborde una, varias o todas las obras que dramaturg@s de Siria, Grecia, Islandia, Reino Unido, España y Estados Unidos han puesto a disposición de esta fiesta de resistencia dionisíaca. Se trata de propiciar un amplio debate en el seno de nuestras sociedades sobre la situación en que las clases gobernantes, ora bajo la bandera de nacionalismos capitalistas, ora bajo la égida del neoliberalismo, explotan, reprimen, saquean y se burlan de nuestros pueblos bajo los dictados del casino global que significa la volatilidad del capitalismo financiero.

Theatre Uncut ha logrado convocar a un número cada vez más grande de compañías y agrupaciones teatrales que en sus respectivos países están colaborando en la organización del proyecto. En el Reino Unido, el Young Vic Theatre ha abrigado de lleno la iniciativa; en España, la Red de Teatros Alternativos a través de la plataforma “Cultura contra la mentira”, Nuevo Teatro Fronterizo y la Sala Beckett de Barcelona se han echado a cuestas la titánica tarea que ello conlleva, y en México, la asociación civil Teatro Hacia el Margen, con residencia legal en Mérida, Yucatán, se ha subido al barco de esta movilización aún a sabiendas que nuestra realidad es todavía más devastadora que la que se vive en Europa: lo que para nuestr@s herman@s del llamado Viejo Continente es la amenaza de un Estado de bienestar que se diluye ante sus ojos, para nosotr@s es la realidad pura y llana de cada día.

¿Qué se necesita para ser parte del Theatre Uncut? Tener un poquito de dignidad y estar contagiad@ de solidaridad. No importa si se es o no un/a profesional de la escena, si se hace con la complicidad de un montón de colegas y amig@s o lo hace un@ sol@, o si en lugar de toda una producción en forma dentro de algún edificio teatral lo que se quiere es llevar a cabo una simple lectura en el café o el bar de siempre, en el centro de trabajo, en el salón de la escuela, en la labor o en la sala de la casa. El lugar y el modo es decisión de cada quien. Basta con darse el permiso de hacer suyas estas voces que, igual y quien quita, también suenen a lo que sueña la propia voz.

20 julio 2012

"Despriizar" la democracia.


Imagen: Nosotros 132 (gráfica), #yosoy132.



Que el Movimiento #YoSoy132 someta ante su Asamblea General Interuniversitaria los acuerdos emanados de la Convención Nacional contra la Imposición que, junto con el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), convocó a celebrarse en San Salvador Atenco, debe, a mi parecer celebrarse. No porque se crea que dichos acuerdos signifiquen la radicalización del #YoSoy132 que tanto desean los medios de (des)información que cubren los pasos del movimiento con el mismo vomitivo estilo con que el periodismo rosa da cuenta de las alcobas de personajes del espectáculo; sino porque con ello el #YoSoy132 refrenda su carácter democrático y levanta la voz claro y fuerte para abrazar su autonomía en la mar de luchas que sorora y fraternalmente se encontraron en Atenco.

Apenas se hicieron públicos los acuerdos de la Convención, el desprecio y la burla se dieron cita lo mismo en los chistes de las charlas de café adultocéntricas que, como dice Rossana Reguillo, saludan al movimiento tratando a l@s jóvenes como «bellas durmientes que esperaban el beso de fuego de la realidad sociopolítica del país» para salir de la apatía y la indolencia que supuestamente les caracteriza, que en los sesudos análisis de comentócratas (Luis Hernández Navarro dixit) donde se les acusa de «acarreados, ‹fresas›, cortos de miras, peones en un juego de ajedrez que no entienden» y, por ende, de ingenuos y manipulados, ora por la pseudo-izquierda partidista, ora por los revoltosos macheteros («sarcasmo», dijera Sheldon Cooper) de Atenco.

El #YoSoy132 encaja a la perfección, no obstante, en lo que Roger Bartra mencionando a John Keane nombra la monitory democracy: «nuevos y poderosos mecanismos de escrutinio no parlamentario […] que permiten vigilar a los poderes establecidos e informar a la sociedad sobre su funcionamiento [dado que] la maquinaria tradicional de la democracia representativa no es capaz de impedir que criminales políticos ocupen el poder, ni puede promover una cultura de respeto por la sociedad civil, el estado de derecho y la confianza en el gobierno». Con todo, creo que para que lo sea a cabalidad es de suma importancia darle vuelta ya a la página del conflicto post electoral, para entrarle de lleno a las luchas y discusiones que el país necesita de verdad.

Las elecciones en México, lo venimos diciendo por lo menos desde hace seis años, están viciadas de fondo. Lo están no porque su organización convoque a una panda de gente perversa y malvada que supo cómo colarse, ya no digamos como consejeros electorales en cualquiera de sus órganos, desde el Consejo General hasta los 300 consejos distritales, pasando por los 32 consejos locales, o como funcionarios del Instituto Federal Electoral (IFE) en todas y cada una de sus vocalías de organización, registro y capacitación electoral y educación cívica, sino como capacitadores-asistentes y, sobre todo, personajes de baja estofa que, por un lado, filtraron el sistema (al fin se le caía a Bartlett y lo vendía Hildebrando) para que resultaran insaculad@s (sin albur) hombres y mujeres de dudosa reputación que no tenían nada mejor qué hacer el domingo 1 de julio y quedaran como funcionari@s de casilla a lo largo y ancho del país y, por otro lado, apagaron los despertadores del 35 por ciento de representantes de casilla de la Coalición Movimiento Progresista que brillaron por su ausencia el día de los comicios («sarcasmo»); lo están porque el órgano electoral se encuentra copado por una panda, ésta sí, de personajes harto impresentables que operan desde las mafias en que se han convertido sus partidos políticos (si es que no lo han sido desde sus respectivos orígenes) y, bajo un modo muy particular de hacerlo todo, no sólo la política, han puesto las reglas del juego electoral a su gusto y conveniencia. 

Enterada de ello, ya que parte de estos operadores militan en sus filas, la pseudo-izquierda partidista le entró al juego de Juan Electorero y, como vemos, juega su juego. Hoy, sabiendo que de principio eso era imposible, exige la limpieza de las elecciones o, de lo contrario, que se anulen. Ahora resulta que quienes nos trataron con burla y desprecio por decir que debía anularse el voto para no hacer el caldo de la farsa electoral más gordo y que habría de llevarse la participación ciudadana a las calles, las fábricas y el campo, en lugar de derrocharla en las urnas, son quienes quieren anular la elección entera llevando a la ciudadanía al desgaste y dejándola a merced de los aparatos represivos.

¿Por qué ese afán de invertir todo el capital intangible de los movimientos sociales y políticos en una pugna que además de no ser suya, sino de la clase política, terminará por desarticularlos entre sí y fragmentarlos en su vida interna? Entiendo muy bien que el FPDT y la Otra Campaña hagamos todo lo que esté en nuestras manos para impedir que Enrique Peña Nieto, a quien con toda razón llamamos el «El Chacal de Atenco», despache desde Los Pinos; cuando lo hacía en Toluca ordenó, con la venía de Vicente Fox y la no muy tímida complicidad de los ayuntamientos perredistas de Texcoco y San Salvador Atenco, la represión que los días 3 y 4 de mayo de 2006 tuvo su punto más álgido y que se prolongó hasta la liberación de nuestr@s compañer@s y que hoy asoma en las amenazas que ha recibido nuestra compañera Valentina Palma. Lo entiendo y, aún así, sé que impedir su arribo a Palacio Nacional será prácticamente imposible, a menos que recurramos a los métodos violentos e ilegales que siempre hemos rechazado.

Los acuerdos de la Convención Nacional contra la Imposición que, dicho sea de paso, no sólo tienen que ser llevados a consulta por el #YoSoy132, sino por todos los colectivos, organizaciones y movimientos que allí coincidimos, tienen una radicalidad que consiste en mantenernos en una movilización social permanente, más que contra Peña Nieto, contra lo que él y su partido y el sistema de partidos que su partido creó significan y representan; no se trata, entonces, de una radicalidad que se planteé la ilegalidad como motor y razón de ser y que por lo tanto deba asustar o preocupar a nadie, salvo a quienes detentan el poder en este país. Pero es justo en esta salvedad donde está el quid de la cuestión: quienes detentan lo que llamamos los poderes de facto, los«señores del poder y del dinero», dijera Marcos, controlan los medios de comunicación que ya comienzan a hacer uso de sus recursos para justificar la próxima represión que los poderes de jure nos recetarán.

Así pasó en Atenco hace seis años. La legítima resistencia del FPDT ante la represión inicial del ayuntamiento perredista de Texcoco que con lujo de violencia arremetió contra las familias de floricultores del mercado Belisario Domínguez para reubicarlas porque «afeaban» el centro de la ciudad, sobre todo cuando la víspera había dado su palabra de que no haría tal desolojo, tuvo una escalada que salió de las manos del movimiento cuando la policía estatal (enviada generosamente por Peña Nieto) le arrancó la vida a Javier Cortés Santiago sucediendo actos que, si bien no se comparan con la violencia de Estado que vendría después ni con el mismo asesinato de Javier, de ninguna manera podíamos estar de acuerdo en que ocurrieran; esos actos fueron captados por las cámaras de Televisa y TV Azteca y con esas imágenes bajo el brazo arengaron al Estado mexicano para que nos reprimiera con toda la fuerza de que es capaz.

Por eso, tanto ellos como nosotros llamamos al operativo del 4 de mayo de 2006 «Operación Revancha»: el Estado mexicano se cobraba la doble afrenta de que un pueblo de macheteros que no entienden de modernidad ni de progreso, primero, le hubiera impedido la construcción de un aeropuerto en las tierras donde están enterrados sus muertos y, segundo, le dejara en ridículo ante todo el país gracias a la magia de la televisión: 207 pres@s sin órdenes de aprensión, decenas de casas registradas y destruidas sus pertenencias sin órdenes de cateo, más de 30 mujeres torturadas mediante violación sexual, un estado de sitio que amenazaba con alargarse hasta dos semanas después y que fue roto al día siguiente con una manifestación de Chapingo a Atenco que aún hoy me eriza la piel, años de prisión y de huir a salto de mata para escapar de ello; todo eso, y más, mucho más, ¡porque uno de nuestros compañeros propinó una serie de puntapiés a un granadero tirado en el suelo!

Peña Nieto, como dijera Lydia Cacho, no es nada. En cambio, nuestras luchas diarias, grandes o pequeñas, contra un modelo económico de producción que según Sayak Valencia tiene ya todo para ser llamado capitalismo snuff por la crueldad que acusan el necroempoderamiento y el mercado de cuerpos que lo alimentan, lo son todo. ¿De qué se trata esto? ¿Vamos a resistir sin soltarnos en una movilización social permanente que ponga en jaque el retorno al viejo régimen autoritario o, en lugar de eso, vamos a ofrendar la experiencia de lucha y resistencia del FPDT de San Salvador Atenco y la irreverente frescura del #YoSoy132 en una oposición a modo bajo el mando de las andanzas proselitistas de alguien que tiene como proyecto de gobierno una extraña mezcla de mochería nacionalista y liberalismo capitalista, para que luego, ya deshilvanadas las redes que nos articulan y nos dan fuerza, nos negocie al mejor postor mientras el país se nos cae a pedazos?

La lucha contra la imposición, oración que quedaba seductoramente abierta en la convocatoria a la Convención porque llevaba a preguntarnos: ¿contra qué nos oponemos?, no puede ni debe seguir siendo contra el candidato priista Peña Nieto y, por consiguiente, a favor del candidato priista López Obrador. Debe ser, creo, contra el presidente priista que gracias a todo el cochinero electoral de la partidocracia ha ganado unas elecciones que como dijo Javier Sicilia serían las de la ignominia. La lucha contra la imposición debe ser, creo, contra el ideario y la praxis de miseria, burla, desprecio, tortura y explotación que reside en él y, también, en sus enemigos dentro de la clase política, inoculados todos con el gen priista del crimen y la corrupción. Se trata de ser congruentes y que la declaratoria antipeñanietista que definió al #YoSoy132 desde su origen no se limite a la democratización de la democracia como la propone Keane y la sueña Bartra, sino que vaya hacia la lucha por la despriización del país, por la extirpación del gen priista que habita en todo el quehacer social, político, económico y cultural de México.

La despriización no está, ni de lejos, en los discursos, programas de lucha y proyectos de (des)gobierno de la clase política, sus partidos, sus sindicatos, sus medios de comunicación, sus socios en la clase empresarial y la jerarquía eclesiástica y las fuerzas armadas que la acompañan; está en las experiencias de rebeldía, resistencia y autonomía de los pueblos, movimientos, organizaciones, colectivos e individuos que no vemos ni escuchamos mientras estamos absortos en la lucha post electoral. El futuro nos pisa la sombra, dice Lydia Cacho, «nuestras batallas siguen siendo las mismas: otros seis años para cambiar las reglas del futuro, para defender, bajo amenaza, a la prensa libre, para evitar los oprobios del poder, para cuidar nuestra integridad sin negociar nuestros principios, para proteger a nuestras familias de la violencia y la corrupción, para construir un país que deje de creer que las elecciones cambian nuestras vidas.»

02 julio 2012

Falta lo que falta.



Nadie somos.
Solos estamos y sólo con nuestra dignidad y con nuestra rabia.
Rabia y dignidad son nuestros puentes, nuestros lenguajes.
Escuchémonos pues, conozcámonos entonces.
Que nuestro coraje crezca y esperanza se haga.
Que la dignidad raíz sea de nuevo y otro mundo nazca.
[…]
Vernos, mirarnos, hablarnos, escucharnos hace falta.
Otros somos, otras, lo otro.
Si el mundo no tiene lugar para nosotr@s, entonces otro mundo hay que hacer.
Sin más herramienta que la rabia, sin más material que nuestra dignidad.
Falta más encontrarnos, conocernos falta.
Falta lo que falta.

Subcomandante Insurgente Marcos.


Son casi las 12 del medio día, había apagado el ordenador pasadas las 6 de la mañana pensando en que dormiría sólo un par de horas para ir a votar; sí, era 1 de julio de 2012. Lamentablemente, eran poco más de las 11, las 11:32, cuando vi el reloj del teléfono móvil cuyo plan tarifario no he podido pagar por enésima vez… pero, esa es otra historia.

«¡Carajo! –me dije–, la cola en la casilla va estar de la chingada» A pesar de la premonición nada extraordinaria: he sido consejero electoral distrital del IFE en dos procesos electorales y conozco de primera mano cómo se ponen las cosas en las casillas especiales, tardé todavía un poco más en acelerar el paso hacia la ducha y, de allí, con un titipuchal de estaciones intermedias, el lugar donde el Consejo Distrital 04 del IFE en Yucatán decidió ubicar la Casilla Especial 51.

En la casilla de los foráneos.

Supongo que pasaban de las 12:00 i.m. cuando dejamos atrás el parque de Mejorada para llegar por la calle 59 a la puerta del Centro Cultural del Niño Yucateco (CECUNY), donde un cartelón escrito a mano decía: «Casilla Especial». No me equivoqué: la fila de ciudadan@s, buena parte de ell@s aguardando desde las 8 de la mañana según su propio dicho, daba vuelta la esquina de la 59 por la 48 hacia el sur hasta la esquina con la 61, donde unos jóvenes médicos, quizás residentes, parecían marcar su final; no era así: la cola continuaba, cruzando el arroyo, sobre la escarpa norte de la 61 hacia la 46.

Aquella era una situación algo extraña; al menos, una que no imaginaba: más que la casilla especial, ésa era «la casilla de foráneos» y, más pronto que tarde, una cierta sensación de extranjería compartida fue rompiendo las resistencias que, por no conocernos un@s a otr@s, nos distanciaban. Así, unos cuantos metros más adelante y media hora más tarde, ya estábamos platicando con el vecino que venía de Chiapas sobre la lentitud del avance y lo curioso de que en los hasta entonces últimos veinte minutos ya nos hubieran ido a contar dos veces para decirnos hasta qué persona formada en la fila podríamos votar.

Otros dos cuartos de hora después habíamos podido cruzar el arroyo de regreso para avanzar hacia el norte por la escarpa poniente de la calle 48. De las 2 a las 4.30 de la tarde pudimos caminar casi todo el trecho de la cuadra oriente de la manzana del CECUNY, mientras los rumores, junto con el marcador del triunfo de la selección española de futbol sobre su similar de Italia de cuatro goles a cero, comenzaron a sucederse entre la oferta y la demanda de chicharrones, kibis, aguas, bolis y raspados: «ya se van a acabar las boletas», «otras casillas especiales ya cerraron y están mandando a todo mundo para acá», «la señorita que está haciendo la captura no muy bien sabe cómo hacerlo».

Con todo, uno de los dos rasgos más significativos para ese momento fue la iniciativa de un par de ciudadanos, un hombre y una mujer, de preguntar cuántas boletas quedaban realmente y, a partir de allí, enumerar con marcador en mano a cada una de las personas que íbamos en la fila. 510 fue el número total; a mí me tocó que me pintaran el brazo, cual prisionero en campo de concentración alemán, con el #459. El otro, fue una especie de pasarela de una pareja de jóvenes donde ella, embarazada, llamaba la atención de todos los presentes gracias a que aprovechando la redondez de su vientre había pintado sobre éste un disco de prohibición cancelando un signo de pesos encerrado todo en la leyenda: «mi voto no se vende».

Serían las 5 de la tarde cuando, a la altura del portón que da al estacionamiento del CECUNY, me desprendí de la fila para ir a ver qué pasaba en la casilla y porqué estábamos avanzando tan lentamente. Aquello era un galimatías sin pies ni cabeza que me recordó cuando nos reportaban los capacitadores-asistentes electorales que en las casillas especiales del IMSS, Las Palmas o Paloma de la Paz, en Cuernavaca, Morelos, los ciudadanos estaban comenzando a llegar a las manos. En todas y cada una de ésas veces, cuidando de no romper el quorum de la sesión de Consejo, siempre hubo un consejero electoral que hiciera acto de presencia para informar a las y los ciudadan@s la situación siempre delicada de las casillas especiales; aquí no sucedió así.

¿Quién organiza toda esta desorganización?

La demanda más sentida, junto con lo que nos parecía una demora que ya se había extendido demasiado, era entonces la falta de información por parte de las autoridades electorales, incluyendo los propios funcionarios de la casilla. Así las cosas, sin pensármelo demasiado, le entré al toro de recordar a quien quisiera oírlo que la ley establecía un máximo de 750 boletas y que la insuficiencia de las mismas no era culpa de los funcionarios de la casilla, sino de la norma electoral que, eso sí, daba facultades a los consejos distritales de decidir el número y la mejor ubicación de las casillas especiales.

Esto de la ubicación no era poca cosa; en el mismo lugar estuvieron concentradas las casillas básicas de la sección 0458 tanto para la votación federal cuanto para la local, cuya afluencia, al mezclarse con el de la casilla especial sin nadie que pusiera un mínimo de orden en el flujo de personas, hacía de la entrada del CECUNY un cuello de botella.

Fuimos l@s mism@s ciudadan@s, con ayuda de un par de representantes de partidos políticos que pronto se tuvieron que deshacer de sus pins que les identificaban como tales, quienes nos organizamos para hacer de aquello algo más transitable: entre las 17 y las 18 horas pasaron por la puerta del CECUNY poco más de 40 personas que sufragaron en la casilla especial; de las 6 de la tarde en adelante el flujo, ya organizado, fue de casi 100 personas por hora: de haber continuado con el ritmo anterior, mismo que entre las 8 de la mañana y las 5 de la tarde permitió el paso de sólo unas 400 personas, en lugar de las 9 de la noche hubiéramos terminado hasta la 1 de la madrugada.

Gracias a la actitud cívica de buena parte de las y los ciudadan@s hacia el final de la jornada, aquello pudo llevarse sin contratiempos mayores a los que ya habían venido ocurriendo. Durante la jornada sucedieron algunas cosas que pudieran haberse considerado a simple vista como delitos electorales, como el hecho de que por lo menos tres vehículos pasaron frente a la fila con propaganda partidista pegada en sus vidrios traseros: dos con propaganda de Enrique Peña Nieto y uno de Josefina Vázquez Mota, de que no faltó quien expresó públicamente la intención de su voto estando aún formado en la fila o de que, a diferencia del presidente de la casilla básica para la votación local, el de la casilla similar para la elección federal no salió a preguntar si quedaban todavía ciudadanos de la sección que estuvieran por votar; pero difícilmente podría haberse consignado algo de eso como una violación al articulado en materia de delitos electorales del Código Penal Federal, dado que, en el primero y segundo casos, no hubo presión objetiva a ningún elector con el fin de orientar el sentido de su voto y, en el tercero, la no consulta no obstruyó la votación de nadie.

Todos son, no obstante, pequeños botones de muestra de una actitud tanto cívica cuanto organizativa de la propia ciudadanía que deja mucho qué desear; como aquellos otros donde algunas personas, las primeras de la fila, se resistían a que pudieran pasar a votar sin formarse otras de la tercera edad que era evidente que apenas y podían andar u otras con alguna discapacidad motriz que esperar lo mismo que quienes no tenían alguna discapacidad evidente les hubiera significado inclusive alguna lesión. Muy diferente, para decirlo en descargo de quien tiene una actitud de respeto y civismo, del señor que habiendo salido de la formación cuando se percató de que había olvidado su credencial para votar preguntó si podía entrar a la casilla porque su turno ya había pasado y, cuando la gente le dijo que no, aguardó hasta que pasara el último de la fila hasta ése momento, o de la señora que perdió su viaje de regreso a la ciudad de México porque no quiso irse sin haber votado.

La organización en torno a las casillas especiales siempre ha implicado para la autoridad electoral un dolor de cabeza; por una parte, los consejos distritales, en tanto organizadores operativos de la jornada, no parecen darse cuenta muchas veces de que en dichas casillas habrá conflictos y de que será necesario que un consejero esté constantemente dando explicaciones a la ciudadanía; por otra, la información con que cuenta el/la ciudadan@ siempre parece carecer de elementos para normar criterios acertados y asertivos que, sumados a la desconfianza para con el Instituto, hacen de todo aquello un caldo de cultivo para la confrontación muchas veces gratuita.

Si a esto aunamos que, en lo operativo, no faltamos l@s ciudadan@s que habiendo cambiado de domicilio o teniendo nuestros pueblos cerca no actualizamos nuestra credencial para votar ni acudimos a nuestra sección para dejar más boletas libres a quienes estando en la entidad por vacaciones, estudios o trabajo decidieran acudir a la casilla especial o que, en lo ideológico, hay quien tiene por consigna descalificar de antemano el trabajo del Instituto entorpeciendo la organización más que ayudando, las causas por las cuales miles de ciudadanos pueden llegar a quedarse sin votar, ora por insuficiencia de boletas, ora por hartazgo de la espera, se multiplican casi exponencialmente.

Y, luego, ¿qué?

Son las 6 de la mañana del día 2 de julio, el ex presidente Vicente Fox debe estar celebrando en casa su cumpleaños y su segundo triunfo, «haiga sido como haiga sido» (Calderón dixit), contra Andrés Manuel López Obrador: los datos del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) lo colocan, amén de lo que arrojen los cómputos distritales a partir del próximo miércoles, casi 5 puntos porcentuales por debajo de Enrique Peña Nieto; a este ritmo la distancia en el PREP entre uno y otro podrá llegar a ser de entre 6 y 7 puntos porcentuales, acorde con los datos demoscópicos de encuestadoras como Berumen e Ipsos-Bimsa, y no del 13 por ciento que reportó el Conteo Rápido del IFE a partir de las 8 de la noche de ayer, ni mucho menos de los entre 15 y 20 puntos porcentuales que empresas como Mitofsky, Parametría, GEA/Isa o Idemerc-Harris propagaron en Televisa, la cadena de medios en posesión de Vázquez Raña, Milenio y el Financiero, respectivamente.

Será muy difícil que los cómputos distritales y las diversas denuncias ciudadanas declarando que hubo fraude electoral puedan revertir el triunfo del priísta que al frente del gobierno del estado de México y en connivencia con Fox y Calderón mismos, silencio cómplice del perredismo incluido, reprimió con saña y lujo de violencia al pueblo de Atenco, el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y la Otra Campaña hace seis años. Tocará, pues, a los pueblos, organizaciones y movimientos de todo tipo hacer frente y resistir un sexenio en el que imperarán, por mencionar sólo tres elementos, la represión sistemática contra la disidencia más organizada, la continuación de una práctica económica lesiva para los más en beneficio de los bolsillos de los menos y la consolidación de un modelo educativo que tendrá en Elba Esther Gordillo y el duopolio televisivo de Televisa-TvAzteca sus exponentes por antonomasia.

No me llamo a engaño: quienes siempre dijimos que ganara quien ganara tendríamos que organizarnos porque en medio del table dance que significaron las campañas políticas la única certeza que teníamos era que ningun@ de l@s contendientes acotaría un modelo de producción económica de suyo criminal como el capitalismo y con ésa misma certeza acudimos a las urnas para anular nuestro voto, dejarlo en blanco o anotar el nombre de nuestras demandas en el recuadro de «candidatos no registrados», sabemos que más allá de la política del arriba está una política muy otra, del abajo y a la izquierda.

Hace seis años una campaña, con más cara de fascismo que de democracia, repetía hasta el cansancio que si no votábamos nos calláramos; hoy, a nuestra posición se le tildó de «voto inútil» porque el pragmatismo y los números, y no las ideas y los principios, suelen marcan el actuar de cuando se juega el juego de la política de arriba. No nos abstuvimos, votamos por lo que creíamos; sólo que nuestros sueños de por sí no estaban en sus urnas. Están en la construcción hombro con hombro de los pueblos indígenas en resistencia, en los movimientos sociales que no se dejan cooptar por los partidos políticos, en las organizaciones honestas de la sociedad civil, en l@s trabajadorxs que luchan por democratizar de raíz sus sindicatos, en quienes resisten con dignidad la expulsión económica de sus lugares de origen, en quienes enfrentan día con día el embate de empresas abrigadas en legislaciones que les permiten saquear y contaminar recursos naturales, en quienes hacen del arte y la cultura vasos comunicantes para fortalecer el multimentado tejido social que el capitalismo pulveriza, en quienes no olvidan a sus muert@s de muerte injusta y desaparecid@s ni lo perdonan.